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lunes, 16 de mayo de 2016

InGenios

La educación está cambiando, o debería. El contenido ha dejado de ser lo principal para cederle paso al procedimiento. Las habilidades y las competencias priman sobre la teoría. Tiene sentido para una sociedad que lleva toda la información guardada en un bolsillo de los vaqueros.


En los colegios se trabaja el contenido a través de la investigación y el proceso científico: planteando hipótesis que tras una serie de procedimientos de contraste y validación determinaremos como ciertas o falsas. Los niños son capaces de hacerlo. 

Otra vía de aprendizaje es la del interrogatorio. Es algo que ellos dominan: ¿cómo lo has hecho?, ¿por qué?, ¿para qué?, ¿qué opinas?, ¿qué crees que pasará?...

Igualmente, plantear a los niños problemas de la vida cotidiana como ejercicio rutinario despierta su creatividad en paralelo a su sentido común. Se trata de presentar al niño situaciones reales para que él mismo busque una solución factible. Por ejemplo: "Me he dejado las llaves dentro de casa y no podré entrar. ¿Qué hago?". Os puedo asegurar que las respuestas os darán más de una idea que jamás os habíais planteado: desde coger una escalera de bomberos para entrar por la ventana hasta esperar en la puerta a que llegue alguien que tenga las llaves de tu casa, pasando por cortar la puerta, abrirla con otra llave, llamar a tu mamá, entrar por la terraza de tu vecino...


La acción, la manipulación, el saber hacer... es lo que lleva al niño a aprender. Cuantas más oportunidades tenga de responder activamente los por qués y los cómos, más conocimientos irá adquiriendo.

El grado de autonomía en el que ha sido educado un niño determina su capacidad de dar respuesta a este tipo de problemas y preguntas. Me gusta lo que dijo Montessori en este sentido: 

"Cualquier ayuda innecesaria que damos al niño es un obstáculo para su aprendizaje".

En la medida en que les allanamos el camino y les apartamos los obstáculos, teóricos o prácticos, con los que se encuentran, más limitamos sus herramientas innatas de aprendizaje: la curiosidad y la exploración.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

¡Sorpresa!

Los niños son curiosos por naturaleza. Todo cuanto descubren les intriga, les fascina. Desde lo más insignificante hasta lo más impresionante para un adulto, es observado con estupefacción por quienes están despertando a la vida.


Sir Ken Robinson está convencido de que "las escuelas matan la creatividad" y en parte tiene razón. Y no sólo las escuelas, también los adultos. La realidad que hemos creado nos obliga a quitar importancia a lo que los niños dedicarían toda una tarde.

Conversación real en el patio del colegio, hoy a las 13h50':
Ignacio: - ¡Mira Srta. Ana: en el patio una colmena!
Ana: - ¿Dónde? -me acerco- ¡Cuidado, no toques!... ¿A ver?... No es una colmena, es sólo un agujero en la pared. 

Está claro que no hay que poner en peligro la salud y el bienestar de los niños. También es obvio que no vamos a mentir para mantener vivas algunas ilusiones pero siempre hay una tercera opción: el término medio. Qué distinta hubiera sido su reacción si yo hubiera dicho:

- ¿Tú crees? Ve a buscar una lupa para verlo mejor. ¡Quizá vivan otros animales!

¡De todo se aprende en esta vida!


El juego heurístico es la antesala de todo esto. Se da de forma natural en los niños a partir del año aproximadamente. Cuando sus habilidades motrices empiezan a desarrollarse los niños juegan con todos los objetos que tienen a su alcance, dándoles usos insólitos. A base de la metodología de prueba y error aprenden y ejercitan no sólo las habilidades motrices, también las cognitivas, las emocionales y las sociales, ya que se puede practicar en grupos reducidos. A partir de los dos años, el interés por jugar con "cosas" empieza a reemplazarse por el de jugar con juguetes aunque he podido comprobar que hasta P5 los niños son grandes exploradores y acumuladores de todo tipo de elementos.


Es imprescindible ofrecer al niño todo tipo de objetos "caseros" o naturales para que explore y manipule los distintos elementos utilizándolos de forma libre y creativa. 

¿Alguna idea?... Pues desde tapones de botella, chapas, pinzas, nueces, telas, cajas de cartón, corchos, palos de helado, cadenas, ovillos de lana, hasta pelotas de distintos tamaños, utensilios de cocina, botellas, anillas de cortina, conchas, pasando por llaves, CD's, coladores, rollos de papel de w.c., piedras...  Todo el material ofrecido debe ser de fácil manejo y muy variado en cuanto a color, textura, dimensiones... Es bueno recopilar al menos 15 tipos de objetos e irlos dosificando y combinando a lo largo de las distintas sesiones para lograr atraer la atención del niño.



 Es recomendable que haya material que permita apilarse o conetnerse así como distintas cajas vacías para que tengan la posibilidad de clasificar los objetos decidiendo ellos mismos el criterio para agruparlos. También se puede aprovechar el momento de recogida para trabajar la clasificación.

Aunque es una actividad que se puede realizar a diario hay que tener en cuenta que el interés de los niños decrece cuando ya conocen bien las posibilidades de los materiales que tienen delante. En ese caso, sería conveniente ir renovando el surtido de materiales con cosas nuevas que capten de nuevo su interés. Por otro lado, no podemos esperar que se entretengan indefinidamente con esta actividad, debemos poner fin cuando veamos que el niño empieza a distraerse y deja de explorar.


Con el juego heurístico estimulamos la percepción de las cualidades de los objetos: materia, textura, dimensión, volumen, peso, color u olor; descubre las leyes de la naturaleza como la gravedad y equilibrio, en base a las cuales realiza las primeras hipótesis y deducciones; aprende operaciones lógicas como la comparación o la clasificación, desarrolla su creatividad, su motricidad (especialmente la fina) y su orientación espacial, además de su observación o su concentración.
Con todo esto, los Reyes Magos no van a tener ninguna duda de cómo sorprender a los más pequeños de la casa para que éstos se sigan sorprendiendo.

lunes, 10 de agosto de 2015

Hipnosis

Los niños a veces generan en nosotros el deseo poder hipnotizar a quien tenemos delante para lograr un momento de tranquilidad. 


El caso es que, como no somos hipnotizadores, es mejor darles herramientas para que sean capaces de entretenerse y jugar de forma autónoma.

Como la mayoría de las cosas, cuanto antes les enseñemos a divertirse solos, más fácil les resultará aprenderlo. Es importante que pongamos a su altura aquellos juguetes que por edad e intereses les resultan atractivos para que puedan usarlos y guardarlos en cualquier momento. Además, es conveniente que dichos juguetes sean variados y les proporcionen alguna novedad, dando cabida a la creatividad, así evitaremos que los aborrezcan al segundo día.



Es necesario conocer los gustos y habilidades de los niños para tener claro qué juguetes debemos tener en casa. También podemos fijarnos objetivos para ayudar a los niños a entrenar aquellos aspectos en los que presentan alguna dificultad; por ejemplo, motricidad fina, matemáticas, lógica, atención visual... Como maestra, en las tutorías procuro dar ideas de tipos juegos que convienen a cada alumno para potenciar determinadas habilidades o para impulsar su desarrollo. Seguro que las tutoras de vuestros niños os pueden ayudar.

Dar autonomía e independencia en el juego implica que el niño se haga responsable de todo el proceso: la preparación, el desarrollo de la actividad y su recogida. Debemos insistir en que cuiden el material y lo mantengan ordenado ya que estableceremos la base para el resto de su vida. Sus juguetes son lo más importante durante la infancia, la ropa y la tecnología durante la adolescencia. Si aprenden a cuidar y a organizar bien sus juegos en la niñez, seguramente procurarán tener un armario ordenado durante su pubertad y su casa cuando sean adultos.


Y si durante el juego, la cosa se desmadra y hay algún incidente, habrá que pedir explicaciones...

miércoles, 1 de julio de 2015

Hecho realidad

Muchas veces el dibujo es una actividad que entretiene y divierte a los niños, sobre todo a aquellos quienes tienen las manitas predispuestas a coger los lapices y colores.

Cuando un niño empieza a dibujar, los garabatos no tienen ningún significado, al principio son líneas o puntos, luego garabatos descontrolados que emborronan toda la superficie. En esta fase, conviene dejar libertad de exploración al niño, ofreciéndole materiales variados para pintar en grandes soportes. 


El primer gran salto artístico surge con el garabateo controlado. El dibujo empieza a cobrar vida y a aislar elementos que ya tienen un significado y nombre muy evidente para el autor, no tanto para el espectador. Y poco a poco, como quien no quiere la cosa, un día sale una redonda a la que pondrán dos bolitas y habrán hecho su primera representación del cuerpo humano. Tras esto, la boca, quizá la nariz, el pelo, las larguísimas piernas (¡quién las pillara!), los brazos que salen como cohetes de la cabeza... Y se darán cuenta de que faltan las manos, los pies, las orejas. Por último, un día le pondrán tronco y cuello y entonces, habrán completado su primera figura humana.



Amaro (una de mis Abejas) y sus hermanos, por ejemplo, van a regalar a su papá un dibujo por su próximo cumpleaños. Para ellos el resultado es el mismo que para un artista consolidado: arte, significado, belleza subjetiva. Alejandra Prat nos lo muestra en su blog para la revista HOLA, Entre papillas y mascarillas.

Pero cuando los niños empiezan a dominar el dibujo, los mayores tenemos la tendencia de intentar que pinten "algo": un sol como un círculo con palitos en su perímetro, o una casa formada por un cuadrado y un tejado... Es importante que dejemos que la copia de la realidad surja de manera natural y espontánea. Cuando un niño dibuja, debemos atender a su punto de vista, a sus objetivos y a lo que él ha interpretado y pretende representar. Por abstracto que nos parezca, es su manera de plasmar la realidad.



Lo que pocas veces logramos es el proceso inverso: que vean sus dibujos realidad. Pues bien, esto es posible. Existe una empresa, Child's Own Studio que se dedica a convertir las creaciones 2D de los niños en peluches y muñecos, rozando la exactitud.










Ver más aquí.

¿Os imagináis lo que supone para un niño tener entre sus manos un muñeco diseñado por él mismo? ¡Qué chulada!

viernes, 26 de junio de 2015

El verano ya llegó

Y con él la piscina, el deporte al aire libre, las comidas a las 4 y las cenas a la fresca... Me encanta el verano y el de este año más, porque me trae cosas muy buenas: ya soy oficialmente Maestra de Educación Primaria y tengo la inmensa suerte de seguir trabajando en Highlands el curso que viene.

Pero no es tiempo de pensar en trabajo, es tiempo de pensar en descansar, en divertirse, en convivir, en disfrutar de quienes nos rodean.


En estos días de vacaciones el vínculo familiar que se crea y los recuerdos que nacen pueden durar para toda la vida. Es importante que los niños valoren y aprecien lo que se les ofrece, sea lo que sea; un viaje, un helado, una tarde de deporte en familia, una excursión o un día en la playa. Para ello, es crucial demostrar que para los papás también es importante disfrutar de ese tiempo con ellos.



Sin embargo es recomendable pensar más a medio o largo plazo que a corto: todo el trabajo desarrollado entre padres y profesores durante el curso no debe "irse al traste" en verano. Los hábitos de alimentación y sueño que hemos logrado inculcar deben respetarse en la medida de lo posible, con mayor flexibilidad pero sin descuido ni dejadez. La estabilidad y la constancia son los mejores aliados para los padres y los niños. El verano funciona mejor si no se tira todo por la borda.

Por otra parte, el verano es un tiempo excelente para entrenar algunas habilidades jugando. Los niños de la etapa de infantil tienen deberes tan o más importantes que los de primaria: hacer castillos de arena, dibujar libremente con cualquier material y en cualquier soporte, estar en contacto con la naturaleza, hacer experimentos, mezclas y pastetas, ir en bici, jugar a contar conchas en la playa, a clasificar piedras, hacer manualidades con los "tesoros" que encuentran, hacer sus propios helados viendo como lo líquido se solidifica y después vuelve a su estado inicial, jugar a juegos de mesa en familia, cuidar de una planta, inventar historias con sus amigos e interpretarlas a sus papás, jugar al aire libre, bailar, observar, disfrazarse, hacer collares y pulseras...



En definitiva, momentos para no olvidar.

viernes, 6 de marzo de 2015

¿Se nace o se hace?

Mi profesora de arte dice que la creatividad ha sido el motor del desarrollo social. Si no hubiera habido alguien que inventara la rueda o la escritura... ¿dónde estaríamos hoy?

Es muy complejo enseñar creatividad cuando uno mismo no la ha aprendido. La creatividad es una capacidad, no un don. Ya vimos como Sir K. Robinson defiende la necesidad de entrenarla y ejercitarla para mantenerla.

Una mente creativa resuelve problemas buscando distintas estrategias y soluciones para esa situación y con los recursos disponibles. De manera que el creativo se hace, no nace. Claro está que habrá personas con más o menos facilidad al respecto, o más o menos interés o motivación en mejorar esa cualidad.

Maestros y papás "en ejercicio" vivimos un sistema educativo que no se centró en potenciar (o ni siquiera despertar) esa capacidad que traemos "de serie". Ser consciente de ello no significa abusar. Significa propiciar situaciones de juego o ambientes facilitadores de creatividad. Dejar salir a los niños del patrón marcado: una princesa no tiene por qué ser de Disney, algo bonito no tiene por qué parecer real y no sólo es arte lo que está acabado y reconocido a nivel mundial, Arte puede ser un punto.



Estimulando la creatividad no debemos caer en la sobreestimulación. El otro día llegó a mi un artículo cuyo titular no deja indiferente: Mamá no puedo parar los pensamientos que me llegan a la cabeza. La vorágine multisensorial a la que nos vemos sometidos actualmente no tiene precedentes. Según explica el post, estamos creando una especie de adicción a los estímulos con varias consecuencias negativas: necesitar siempre más, no responder a estímulos del entorno, genera hiperactividad, falta de concentración o desmotivación, supone la pérdida de capacidad creativa. 

¿Cómo resolverlo? Jugando. Con actividades abiertas, no estructuradas, con pocas reglas claras y concisas creadas por ellos mismos y mucha libertad, donde lo que prima es el proceso y no el resultado. Dando cabida a la exploración y la experimentación, al error y al aburrimiento. 

Se trata de cambiar de ruta para ir al cole, explorando nuevos caminos. De usar los materiales o los juegos con un fin distinto al previamente establecido. De contar cuentos en lugar de ver películas. De dar otras utilidades a las cosas de siempre. De acercarnos a la creatividad de otros para contagiarnos.

Chema Madoz. Os sugiero ver la obra de este artista.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Palabra de Sir

Cuando la naturalidad, la espontaneidad, la imaginación y la tranquilidad reinan nuestros actos y nuestras decisiones, qué cierto es aquello de "bendita inocencia".

Ser niño es casi lo mismo que ser creativo, sí, sí; profesional de la creatividad. Dice Sir Ken Robinson en una entrevista para La Vanguardia que " todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse... Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él. [...]. El único error en un colegio es penalizar el riesgo creativo."


El error causa vergüenza y la manera de evitarla es evitando los riesgos y la innovación. Si disfrutas con lo que haces, si te diviertes; no te importa equivocarte o arriesgar. Cuando el error se convierte en algo vergonzoso, la diversión desaparece y la creatividad lo hace con ella.

Muy próximo a las teorías de las inteligencias múltiples, el experto nos recuerda la importancia de ayudar a los niños a descubrir aquella inteligencia predominante para que el día de mañana sean adultos felices que trabajan en algo que les llena. Y dice más: "todos somos superdotados en algo. Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación.[...] Se puede aprender creatividad incluso después de que el sistema nos la haya hecho desaprender".


Resulta que hay un punto de convergencia entre nuestros deseos y capacidades con la realidad, y lo que es mejor, todos tenemos la posibilidad de encontrar ese punto. Es lo que él llama el elemento. Un buen autoconocimiento es clave: conocerse a uno mismo y conocer la proyección del propio talento hacia los demás.

Una vez detectado el elemento, se trata de rodear al niño de personas que le ayuden a potenciarlo: un mentor y una tribu. Con ellos, la creatividad florece y se regenera constantemente. 


Mi deseo era ser maestra y trabajar con niños, tengo capacidades para serlo. Estaba abocada a la mediocridad y a la infelicidad, en una vida que no me llenaba, sentada en un despacho y frustrada por sueños incumplidos. Siempre resonó en mi interior esa vocación que, por suerte, se ha convertido en realidad.

martes, 4 de noviembre de 2014

No todo es lo que parece

Ser maestra te permite vivir en directo pequeños momentos de genialidad que no se almacenan ni en los mejores museos y que quizá, el día de mañana, me permitan haber formado parte de las vidas de grandes genios.

En general, los niños son ocurrentes, curiosos, están inquietos por descubrir y aprender. Si miráramos el mundo con los ojos de cuando eramos niños, veríamos las cosas tan distintas...

La creatividad y el pensamiento divergente suelen ir unidos de la mano. Ambas capacidades pueden ser innatas o aprendidas. Ambas son una herramienta muy potente para el éxito tanto a nivel académico como personal o profesional. Pero como con casi todo en esta vida, la falta de práctica o de ejercicio hace que ciertas habilidades se pierdan. Del mismo modo, su entrenamiento hace que mejoren y sean cada vez más poderosas.

Por poner un ejemplo: hoy en mi clase de P4 hemos presentado la letra M. Tras una breve conversación en la que todos han participado pensando palabras que empiezan o contienen la M; he realizado la grafía en la pizarra siguiendo la direccionalidad correcta con la pertinente cancioncilla: "Empezamos con el lápiz en la raya, hacemos un palito recto y alto...". Uno de los niños ha dicho que parecía una montaña, otro una corona, otra que era la de su nombre... Hemos pasado a trabajarla en la pizarra con tiza, luego enganchando pegatinas en su silueta en tamaño enorme... Hasta aquí todo normal.

Cuando ha llegado el momento del trabajo individual, uno de mis niños ha cogido su cartulina DIN A3, dispuesto a llenarla de "M" a toda velocidad, feliz por lo bien que le salían. Todas excepto una, que le ha quedado así:


Yo estaba sentada a su lado. Sin mirarme ni preocuparse por su "error", dice: ¡BAAATMAAAAN! 


Y acto seguido completa el dibujo. 


Y es que no todo es lo que parece. Este sí que puede ser un superhéroe si se lo propone.

De igual modo, Violeta Anguera (6 años), después de trabajar en el cole el desarrollo de dibujos a partir de una figura dada, hizo esta maravilla en su casa para que su mamá (también maestra) enseñara a sus alumnos más pequeños los números de una forma más atractiva:

 

Violeta ha recibido este entrenamiento en su colegio y lo ha puesto en práctica de forma autónoma y espontánea. El hecho de ser capaz de ver más allá del patrón dado, de los símiles y los ejemplos que se nos han mostrado siempre -el 2 es un patito, la S una serpiente y una espiral es un caracol-, es una habilidad que abre puertas como la de la creatividad, la imaginación y la abstracción. 

Hoy en día, las personas con estas habilidades llegan mucho más lejos en la vida que las que tienen muchos títulos universitarios. 

sábado, 4 de octubre de 2014

¿Por qué será?

Mi hij@ grita mucho... ¿será porque te ha oído gritar?
Mi hij@ no come de todo... ¿será porque tú tampoco? ¿o porque sólo cocinas lo que le gusta?
Mi hij@ no lee... ¿será porque no te ha visto aguantar un libro?
Mi hij@ es impaciente... ¿será porque siempre vas con prisas y nervios, justos de tiempo?
Mi hij@ no va al baño solito... ¿será porque, para ahorrarte cambiarlo, lo acompañas siempre?
Mi hij@ es muy sensible, llora si la corriges... ¿será porque le pones pocos límites?
Mi hij@ tiene muchas pataletas últimamente... ¿será porque cada vez que tiene una se sale con la suya?
Mi hij@ dice palabrotas e insultos... ¿será porque los habrá oído en casa o en la TV?
Mi hij@ no come fruta... ¿será porque no se la das de postre o merienda?
Mi hij@ no se duerme sólo... ¿será porque lo has metido varias veces en tu cama?
Mi hij@ contesta mal... ¿será porque alguien le habrá enseñado ese tono?
Mi hij@ no obedece... ¿será porque su desobediencia nunca tiene consecuencias?



Mi hij@ es muy cariños@... porque yo le demuestro a diario cuánto le quiero y procuro serlo con los demás.
Mi hij@ es alegre... porque intentamos que, a pesar de cualquier pesar, en casa se respire optimismo y alegría.
Mi hij@ es muy creativ@... porque le dejo experimentar, jugar, probar y divertirse con cualquier cosa.
Mi hij@ es reflexiv@... porque intentamos pensar antes de hablar  y sobre todo de gritar, nos interesan sus porqués y respondemos a sus preguntas con infinita paciencia.Mi hij@ es muy servicial... porque desde pequeña le hemos enseñado a ayudar a los demás empezando por hacerlo en casa.
Mi hij@ prueba de todo... porque en casa se come lo que hay, no hacemos menú especial para nadie.
Mi hij@ habla con educación... porque las normas de cortesía están siempre presentes en nuestro vocabulario.
Mi hij@ es ordenad@... porque antes de sacar un juguete hay que guardar el anterior y porque la ropa sucia hay que llevarla a lavar, como el plato después de comer.
Mi hij@ tiene muy buen vocabulario... porque le hablamos con propiedad y leemos mucho juntos.
Mi hij@ tiene iniciativa... porque procuramos no resolverle todos los problemas a los que se enfrenta.
Mi hij@ es perseverante... porque en casa no tiramos la toalla a la primera de cambio, practicamos para ir mejorando.
Mi hij@ es... lo que nosotros (padres, maestros) esperamos que sea.


Tener expectativas positivas, altas pero factibles, sólidas, buenas, optimistas... sobre los niños hará que sus pasos se encaminen en esa dirección. Sólo hay que enseñárselo con el ejemplo.

sábado, 23 de agosto de 2014

Un juego inocente

Ayer llovió a cántaros y hacía frío en la Costa Brava. El trending topic del día debió ser #parecementiraqueestemosenagosto. Hoy tampoco vamos a tener un día muy veraniego. Este tiempo loco es más propio de primavera o de otoño. Sin embargo, los niños son ajenos al clima. Su trabajo, que es aprender y descubrir, no les da vacaciones. Es un proceso constante que no se para aunque llueva, nieve o haga sol.

En estas, recibo un whatsapp de una buena amiga y mejor mamá de dos niños: Ignacio (2 años) e Inés (5 meses). Inés, que así se llama la mamá, me preguntaba por un mail mío que había recibido, está fue la conversación:


 


Realmente, los adultos podemos llegar a matar la creatividad de los niños. A Ignacio se le ha ocurrido un juego por que ha sido capaz de generalizar un conocimiento que ya había adquirido en anteriores situaciones y que en su momento le resultó significativo o que ha deducido tras un rato de experimentación. Sin pensar que lo que tenía delante era una raqueta y un boli, repite el patrón que en su día le divirtió o que le parece un gran descubrimiento. 

Como en esta etapa todo aprendizaje es global, además Ignacio está trabajando la pinza, la motricidad fina, la coordinación ojo-mano, el control muscular y la segmentación corporal junto con las habilidades cognitivas de emparejamiento, relaciones espaciales, lateralidad... ¡Y parecía un juego inocente!

Y es que una cosa es "tumbarse a la bartola" y la otra es tumbarse a trabajar, como hace Inés:


Esta capacidad de los niños de dar distintas respuestas a una misma situación es lo que llamamos pensamiento divergente. Un niño capaz de encontrar más de un uso o más de una respuesta a un planteamiento dado va a ser un niño con una metacognición y una capacidad de regular el propio aprendizaje mayor que aquel que sólo sabe dar una única respuesta basada en el contenido previamente aprendido y a través de los procedimientos ya practicados.

Como adultos debemos ofrecer modelos que guíen los pasos de los niños para resolver aquellas situaciones que sean complicadas pero en esta ayuda o guía debe tener cabida la creatividad y la autonomía en el aprendizaje.

¡¡Enhorabuena Inés: tus hijos Ignacio e Inés están dando Pasitos de Gigante!!

martes, 19 de agosto de 2014

In-necesidades


Con esta frase retumbando en mi cabeza hace varios días, no he podido resistirme a recordar lo que hemos hablado ya en varias ocasiones. 

Cuando digo "necesita" me refiero a todos aquellos "extras" que, hasta que no los logramos parece que no vayamos a poder sobrevivir y que cuando los tenemos resultan no ser lo que esperábamos o incluso despiertan un sentimiento de frustración. Sobre todo porque cuando ya tenemos ese "extra" tan deseado, entonces surge el siguiente, y así de forma indefinida de manera que nunca logramos sentirnos plenos.

Hay varias cuestiones a desarrollar en lo relativo a las necesidades de los niños:

1. Crear necesidades: los adultos que estamos a su alrededor somos responsables de las necesidades que los niños tienen. Soy partidaria de salir con los niños, de que experimenten, de que se empapen de naturaleza, cultura, tecnología... pero todo en su justa medida. Tiene que haber un tiempo para saber estar en casa y jugar o aburrirse sin necesitar volver a salir.

2. La falta de creatividad y autonomía provocan más necesidades: los niños que juegan sin la compañía o dirección del adulto suelen tener más imaginación y capacidad de tomar decisiones y regularse a nivel cognitivo. Está muy bien jugar con los niños de vez en cuando pero es importante dejarles un espacio en el que de manera independiente y creativa construyan sus propios juegos. Después puede haber un rato para compartir con los adultos esa experiencia.

3. Educar la frustración: todo no puede ser. El aquí y ahora no puede entrar en el esquema cognitivo de los niños como algo posible, ni si quiera pronunciable. "Yo quiero ir al parque de atracciones" y la familia se moviliza y va. "Quiero cenar pizza en tal restaurante" y a cenar fuera. "No quiero ir a la playa" y el papá se queda sin baño porque alguien se tiene que quedar en casa. Este tipo de cosas, que siempre se hacen por cariño o por evitar una discusión (que en realidad no se tendría ni que producir), no educan ni ayudan a los niños a ser fuertes.


En este sentido la tecnología (móviles, tablets y TV especialmente) no nos ayuda en nada: el entretenimiento es inmediato y no requiere un esfuerzo creativo ni un coste para los padres pero está creando una generación donde la capacidad comunicativa, y concretamente la expresiva, es cada vez más pobre y el razonamiento y la argumentación son prácticamente nulos.

Seguramente hay muchos más elementos que alimentan las necesidades innecesarias de los más pequeños pero creo que empezando por estas tres tenemos mucho ganado.


Pensemos qué es lo que realmente necesitan los niños y de lo demás hagamos una muy buena selección.

miércoles, 6 de agosto de 2014

De serie

Existe una realidad que ya comentamos en su momento: la creatividad, la curiosidad; son rasgos que los seres humanos vamos perdiendo según vamos creciendo y en función de dónde y cómo nos eduquen.

Parece imposible decir que todos nacemos científicos. Muchos de los "de letras" diréis que no. Pero, atentos a esta reflexión:


Como con la ciencia, pasa con todo lo demás. Todas aquellas ocasiones de aprendizaje y experimentación que neguemos a los niños supondrán una merma en sus inquietudes intelectuales.

Disponemos de ocho inteligencias que vienen "de serie", unas más desarrolladas que otras. Aquel niño en cuyo entorno no se estimule una de dichas inteligencias por miedo al fracaso, inseguridad o falta de interés de los padres o profesores, se encuentra ante una puerta que se va cerrando poco a poco y por la que cada vez es más complicado traspasar el umbral.



Michio Kaku habla de la memorización como técnica nefasta de aprendizaje. Estoy de acuerdo. Hay cosas que no hay que aprender de memoria porque no significan nada a largo plazo a nivel cognitivo. La mayoría se olvidan si no se vuelven a utilizar. La memoria es una herramienta necesaria para el aprendizaje del ser humano pero hay que saber cómo y para qué ejercitarla. La tendencia educativa actual es la de la metacognición: comprender como aprendemos, autoregular nuestro aprendizaje.

Todo aquello que manipulemos, que vivamos y que experimentemos calará más hondo que lo que memoricemos.

martes, 29 de julio de 2014

Aquí y ahora

Si en el post anterior hablamos de atención, en este lo haremos sobre distracción, entendida como la capacidad de entretenerse.

Hoy en día parece fácil que los niños se entretengan. TV, tablets, móviles, consolas y algún juguete que al que las nuevas tecnologías aun no han podido quitarle su valor. Lo cierto es que no es tan sencillo. 



Todos somos conscientes de que un abuso de TIC's en los niños no es bueno, causa adicción, agresividad, aislamiento, sedentarismo, limita el desarrollo de las habilidades sociales y restringe el aprendizaje que proviene de la interacción con el entorno y a través del juego simbólico o entre iguales.

Por otro lado, el resto de tecnologías, sobre todo las relacionadas con la domótica, también están cambiando los valores que se transmiten en  nuestra sociedad. Hemos pasado de la cultura del esfuerzo a la de la comodidad: queremos bajar una persiana, apretamos un botón; queremos preparar una cena rápida, abrimos una bolsa de ensalada y hacemos un "vuelta y vuelta", los hornos tienen función pirólisis, los aspiradores funcionan solos, los microondas calientan en 30 segundos y los mandos a distancia lo controlan casi todo.



En definitiva: facilidad, comodidad, inmediatez y baja duración son los valores que transmitimos hoy con nuestro estilo de vida. Esto sería positivo si los niños, al mismo tiempo, percibieran otros como el esfuerzo, la paciencia o la duración y buena conservación (de sus juegos y juguetes).

Enseñar a un niño a distraerse es complicado porque requiere que, de forma autónoma, aprenda a sacar partido de cualquier cosa en cualquier situación y que, con paciencia y esfuerzo, construya un juego al que le apetezca jugar. Como la imaginación no siempre aparece en estos momentos, la creatividad no es una cualidad que todos tengamos desarrollada y tenemos que adaptarnos a los recursos que tenemos delante, muchas veces es más fácil decir al niño "coge mi móvil". 


Eso sí, si logramos inculcar el hábito de distraerse y jugar de forma autónoma, también habremos inculcado las virtudes de las que hablábamos: paciencia, esfuerzo, imaginación, creatividad, respeto por las cosas... Además de no tener niños siempre aburridos o enganchados a las máquinas.

lunes, 7 de julio de 2014

Garabatos

Decíamos que a caminar se aprende caminando y a leer, leyendo. Siguiendo esta máxima, podemos deducir que a escribir y a pintar se aprende escribiendo y pintando. La práctica hará alcanzar la técnica con seguridad y resolver cualquier reto gráfico con éxito.

Ahora bien, existen unos requisitos necesarios para el logro de estos objetivos que principalmente tienen que ver con el desarrollo psicomotor del que hablamos en el último post.


- Nivel adecuado de independencia segmentaria brazo-mano-dedos.
- Control del tono muscular a nivel de presión y prensión que permita el movimiento.
- Hábito de movimiento de rotación de la mano sinistrógiro (hacia la izquierda).
- Direccionalidad de la mano definida de izquierda a derecha.
- Coordinación visomanual.

Con estos ingredientes, la motivación y la madurez cognitiva, física y sensitiva necesarias, podemos considerar que el niño está preparado para agarrar lápiz y papel.

Los primeros intentos no serán más que garabatos pero esta fase es importante, ya que supone el inicio del camio hacia la escritura.

Entre los dieciocho meses y los cuatro años los niños hacen garabatos y para ello necesitan soportes amplios y lápices gruesos. Al principio no tendrán sentido, ni orden, ni pulcritud alguna. Esta fase, a nivel pedagógico, se conoce como "garabatos desordenados" y se caracteriza por la realización de trazos desordenados y variables, carentes de coordinación óculo-manual y de control visual. Sus cambios muestran la evolución psicológica y fisiológica del niño.


Existe una segunda fase que aparece cuando el sentido de la vista se va coordinando con el aparato motor, el gesto se va controlando y ya se pueden observar algunas intenciones del niño en el papel. El niño descubre la relación entre el objeto y el movimiento y aunque aún presenta dificultades para sujetar los instrumentos de escritura, disfruta rellenando toda la página y compartiendo sus creaciones con los adultos. Se deben de observar trazo más largos y variedad de colores.


La tercera fase es dar nombre a los garabatos y, aunque para nosotros sean imposibles de interpretar, para ellos tienen un sentido real. En este punto el niño debe tomar consciencia de que puede dar significado y representar las cosas que le rodean. En esta última fase aumenta el tiempo de dedicación a la actividad artística.


Como siempre, debemos ser flexibles en las edades que aquí se indican. Es posible que muchos niños con tres años sean capaces de hacer representaciones más próximas a la realidad o que, al contrario, con cuatro años sigan haciendo garabatos. Tenemos que estar pendientes en cada caso.


Lo que sí que se cumple en todos los casos es que entre los dos y los cuatro años los garabatos son una actividad motora que debe estimularse mucho para conseguir la representación simbólica y dominar el gesto básico.