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domingo, 19 de febrero de 2017

¡Qué no!

¡Qué no estaba muerta! ¡Qué no!


Me fui sin darme cuenta. Sin despedirme. Con la seguridad que volvería y ha llegado el día. 

Tener un blog "activo" es sinónimo de disponer de mucho tiempo y/o de dedicarte a él profesionalmente. Durante unos meses, podríamos decir que he estado entregando mi tiempo a otras prioridades y como, de momento, Pasito de Gigante no me da de comer, llegó una pausa en mis posts sin premeditación ni alevosía; simplemente eso un descanso hasta saber cómo robarle tiempo al tiempo.

Decido volver porque hay algo en mi corazón, como en el de Chavela Vargas, que "se muere por volver". Porque la educación me apasiona, porque el contacto con los niños me llena, porque enseñar me enriquece y me hace exigente, porque buscar lo mejor en (y para) los demás es buscarlo en (y para) uno mismo. Porque tengo la suerte de vivir de mi vocación.

Eso sí, me propongo que sea una vuelta menos teórica y más práctica. Ser profesora de primaria me ha hecho vivir nuevas situaciones y descubrir otras necesidades educativas distintas a las de la etapa de infantil, complementándolas. Por eso, intentaré explicaros mis vivencias como maestra, como tutora, como educadora... con ejemplos prácticos de casos reales. Situaciones que nos pueden ayudar a todos a actuar para sacar lo mejor de cada uno.

Dicho y hecho.

La semana pasada fui con mis alumnos de 1º de primaria a una residencia de la tercera edad dentro del programa de acción social que desarrolla el colegio. Vamos una vez al trimestre desde el año pasado y, aunque parezca mentira, los niños y los abuelitos van creando algunos vínculos. 



Es llamativo ver las caras de los pequeños ante personas mayores y con problemas de distinta índole y envergadura (sordera, alzheimer, ceguera, invalidez, problemas psiquiátricos...). Lejos de lo que podamos esperar, con toda naturalidad, se ponen a jugar con ellos al bingo, al dominó o a hacer pulseras. Regalan besos y brindan su ayuda de manera espontánea. Quieren saber qué les pasa o por qué gritan. Preguntan la edad sin ningún reparo y miran las galletas de la merienda fijamente hasta que consiguen que las compartan con ellos.

Los niños ven a la vejez muy lejana. Les resulta inconcebible ponerse en su piel; no obstante, se sienten queridos por unas personas que, a pesar de ser "mayores", son delicadas y dependientes. Esto despierta en ellos la necesidad de querer y de ayudar.

Inculcar en los pequeños la virtud de la caridad es sencillo y es fácil que prevalezca en ellos el día de mañana. Desde un punto de vista egoísta, a los que ahora somos adultos nos interesa. Desde un punto de vista educativo, educar en valores y virtudes significa dar pasitos de gigante para hacer del mundo un lugar mejor.


Yo, por mi parte, me alegro de estar aquí otra vez.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Nunca es tarde...

¡Si la dicha es buena!

Como habréis podido observar, el número de posts que hemos ido publicando ha bajado de manera significativa.

En esta vida hay que saber establecer prioridades. Hay varios refranes para esto: "quien mucho abarca poco aprieta", "no se puede estar en misa y repicando"... Yo he tenido que centrarme en el estreno como profesora de primaria en un cole donde cada día -incluso, cada minuto- es diferente, guarda una sorpresa. Y a esto, hay que añadirle el hecho de conocer a todo el alumnado de la etapa, la metodología didáctica, las rutinas y el funcionamiento interno...

Y es que cuando tienes muchas cosas entre manos, puede pasarte que "los árboles no te dejan ver el bosque" o bien que... 


No es que el Pasito de Gigante no sea importante para mi; me enriquezco con las lecturas que hay detrás de cada post que escribo. Pero no es urgente. Por este motivo no dejo de escribir pero lo hago de forma más esporádica.

Al hilo de lo que comentamos y tras llevar a mis espaldas un buen número de tutorías con papás de niños de varias edades, me doy cuenta de que, a veces, en la educación de los más pequeños nos pasa lo mismo: lo urgente no nos deja ver lo importante.

Es clave establecer cuales son las prioridades a la hora de educar. Desde llegar a un acuerdo entre papá y mamá hasta escoger un centro acorde con el estilo de educativo que se vive en casa, todo importa. Que el niño perciba el ambiente en el que crece como algo coherente y bien sincronizado es clave para que su desarrollo sea correcto. 



Cuando decimos establecer prioridades nos referimos a, conociendo bien al niño en sus fortalezas y sus debilidades, qué queremos que mejore y que explote. Si su habilidad matemática es nula pero es brillante en lo referente a sus habilidades sociales, desde luego debemos ayudarle a aprender matemáticas pero es una obligación del adulto exprimir esa parte social que tanto llena al niño, No se trata solo de saber qué hacer para resolver determinados problemas de aprendizaje o de conducta sino también saber qué priorizar para potenciar ciertas habilidades o virtudes que cada niño posee.

Adicionalmente, hay que establecer prioridades en cuestión de normas, hábitos y extraescolares. Las dos primeras dan seguridad personal y favorecen la autonomía y el pensamiento crítco para la toma de decisiones, la segunda influye en mayor o menor medida en muchos tipos de habilidades. En todos estos ámbitos, tenemos que buscar el crecimiento y el desarrollo de un niño en términos de su felicidad, más allá de lo práctico o lo académico. No llenemos su mente, llenemos su felicidad.


Como decía, a la hora de establecer prioridades, "nunca es tarde si la dicha es buena".

miércoles, 31 de agosto de 2016

I've got the power

En este mundo de inmediatez, de impaciencia y de autocomplacencia se están perdiendo algunas buenas costumbres como la gratitud.

He leído que la Madre Teresa de Calcuta al rezar y pedir por los demás, daba las gracias a Dios como si ya le hubiera concedido los favores. 


En el libro "El secreto" se refieren a la gratitud como una herramienta poderosa, capaz de cambiar nuestras vidas atrayendo cosas buenas. Dar las gracias es hacerse consciente de lo bueno que uno tiene, es sentirse afortunado. Ser agradecido con los demás hace que la gente nos perciba como alguien amable y considerado.

En una entrevista para el diaridetarragona.com, Víctor Kuppers respondió a la pregunta "¿Qué tenemos que trabajar para tener una buena actitud?" de la siguiente forma:
Hay muchas maneras. Aprender a ser alegre, ponerle ilusión a las cosas pequeñas, relativizar los problemas, ser agradecido, pero sobre todo el gran secreto y la forma más sencilla y eficaz para ser feliz es ser amable. Y la vida nos da 300 oportunidades cada día para hacerlo. Aplíquese esta frase de la Madre Teresa de Calcuta que me parece espectacular‎: «Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz».

La gratitud es una virtud que no viene en la carga genética. Se ha de inculcar y va mucho más allá de la palabra gracias. 

Inculcar la gratitud en un niño no es una tarea fácil hoy en día, cuando todo es fácil de conseguir, el esfuerzo cada vez tiene el listón más bajo y la variedad de cosas a escoger nos desborda creando falsas necesidades. 

Para que la actitud de agradecimiento nazca en un niño tiene que residir en su casa. Los adultos somos responsables de mostrar agradecimiento hacia las cosas que vivimos y tenemos. Aquello tan típico mío de "lo que toca, toca, y con alegría" iba por aquí. El camino es encontrar algo cada día por lo que dar las gracias: el buen tiempo, el paseo en familia, el baño en la playa, la cena en un restaurante... Lo más difícil es sentirse agradecido por las cosas que nos parecen normales: una ducha de agua caliente, que "toque para comer" la comida que más me gusta, que mi hermano me deje su pistola de agua...

Una buena manera de fomentar la gratitud es valorando las cosas pequeñas en voz alta. También es importante destacar y dosificar aquellas cosas especiales, de manera que si hoy de merienda hemos ido a comprar un helado ayudemos a reflexionar al niño sobre la suerte que hemos tenido de una merienda tan especial...


El otro día le dije a mi sobrino Álex (6 años), al que por vergüenza le cuesta dar las gracias, que las personas agradecidas son más poderosas y más capaces de conseguir todo lo que se proponen porque al ser amables y darse cuenta de las cosas buenas que tienen, los demás solían comportarse con ellas del mismo modo: con gratitud y amabilidad. Tras unos minutos de reflexión, sonríe y me dice: Ah... ¡Gracias por decírmelo! A partir de ahora voy a conseguir ese poder.

lunes, 25 de abril de 2016

De su puño y letra

Ya habremos mencionado que no hay una ley donde se exprese la obligación de que los alumnos de infantil tengan que saber leer y escribir. Cada colegio y cada profesor pone los límites allá donde cree que los alumnos pueden llegar.

La semana pasada celebramos la "Semana del Libro" en el colegio. Visto con un fin de semana de perspectiva me siento feliz y satisfecha, el viernes pasado no podía decir lo mismo.

Mis alumnos de P5 han escrito su propia Leyenda de Sant Jordi para celebrar una tradición catalana que también han conmemorado representando obras de teatro e improvisaciones, haciendo manualidades, disfrazándose... Para ellos ha sido una semana divertida, llena de experiencias y de cambios. Para mi ha sido una semana intensa que ha exprimido cada gota de mi energía, no obstante, también ha sido muy gratificante.

Sin lugar a dudas, lo más extenuante ha sido el dictado de las 8 páginas que dura nuestra versión de la famosa leyenda. Porque un dictado en P5 no es cosa de diez minutos. Dividiendo a la clase en 3 rincones de aprendizaje que iban rotando de actividad para poder trabajar de forma más personalizada, lápiz en mano y pauta preparada hemos ido escribiendo y borrando lo que nuestro oído identificaba o lo que nuestro cerebro interpretaba, que no siempre coincidía. Empezamos. Nombre por detrás y nos situamos en la parte superior izquierda de la pauta. 

Para que os hagáis una idea; la primera página dice: "En un pueblo llamado Montblanc vivía un terrible dragón". Si ahora os dijera que la copiarais, la mayoría de vosotros no necesitaría volver a leerla, pero la realidad es otra. Para ellos hay letras que suenan pero que son "azúcar" en el papel, ¿para qué escribirlas?. Otras que aunque suenen, no sé como se dibujan así que hago la que mejor me sale para cubrir ese hueco. Ya os digo que escribir en P5 es una actividad de alto nivel para la que hay que irse entrenando cada día. 

Para que os hagáis una idea:

Yo: "En. Eeeeeeeeeeeennnnnnnnnnnnnnnnnnnn"
Alumno: ¿la primera en palo?
Yo: sí
Alumno: ¿cómo era la E en palo?
Yo: palito para abajo con sombrero, zapato y cinturón.
Alumno: ah! ya sé.
Yo: muy bien.
Alumno: ¿y ahora? ¿qué teníamos que escribir?
Yo: Ennnnnnnnnnnnnnnnnnnnn (señalo mi boca al pronunciar una "n" eterna)
Alumno: la n.
Yo: ¿todos listos?, dejamos un espacio (y cada uno pone su dedito al lado de la "n" de "En")
Yo: uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuunnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn (señalo mi boca al decir la "u")
Alumno: ya estoy.
Yo: uunnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn
Alumno: ¿la "n" otra vez?
Alumno: ¿dos puentes o tres?
Yo: Sí. Es la nnnnnnn no la mmmmmmmm. Dos. Dejamos un espacio.
Yo: Ppppppppuuueeblooooo
Yo: p-uuuuuu-eeeeeeeeeblo
Yo: pueblo se escribe con "b"
Alumno: ¿cómo es la "b"?
Yo: como la "l" pero con lacito. Manita, globito y pie con lacito.
Alumnos: ¿así?
Yo: Sí.
Yo: puebllllllllllllllllllllllo-o-o-o. Dejamos un espacio.
Alumno: Srta., ¿me borras?
Yo: vivía. Vivía va con "v".
Alumno: ¿cómo es la "v"?
Yo: puente, barrigota y lazo.
Alumno: Ah! ¿la de mi nombre?
Yo: sí
Alumno: ¿en palo?
Yo: no
Alumno: Srta., ¿me borras?
...


Lo dejo aquí...

Ah! y entre medio: Pepito coge bien el lápiz, "pistola"; Pepita siéntate recta; los del escenario de lego hablad más bajo, por favor; sí, puedes ir al baño Manolita; Manolito atento, repito: "eeeeeeeeeeeeeee-nnnnnnnnn"... Por los pelos no acaba Sant Jordi haciendo la mili en Móstoles y el dragón friendo empanadillas.

Eso sí, ha sido sorprendente que el nivel de esfuerzo que han puesto en la mayoría de los casos haya ido creciendo en paralelo a la motivación y a la ilusión de saberse autores de su propio libro. Yo estoy orgullosísima del esfuerzo y del trabajo de todos.



Uno de mis alumnos, Javier, tenía que hacerse una revisión médica y llegó tarde al cole. Al entrar en la clase me dice: "Buenos días Srta. Ana, ¿habéis hecho ya la página de hoy de la leyenda?" a lo que yo respondí que no. Sonriendo me dice "uf, he querido venir sólo para esto".

Sarna con gusto, no pica.

miércoles, 6 de abril de 2016

Un paso

Es lo que separa el amor del odio en las primeras amistades: un paso



La infancia es una etapa de muchos cambios. Parecerá una nimiedad pero las primeras relaciones sociales de los niños con personas distintas a las figuras de papá y mamá no son siempre fáciles o inmediatas. Sin embargo, éstas son importantísimas para el desarrollo del niño, tanto de sus habilidades interpersonales como a nivel cognitivo.


Los niños de 2 a 6 años avanzan en su concepción del entorno a través de la exploración y la observación así como de las relaciones con otras personas. Parten de una etapa egocéntrica en su desarrollo para ir llegando a una más socializada. Esto significa que al principio sólo conciben el mundo bajo su propio punto de vista: hablan para sí mismos (autoescucharse), juegan solos al lado de los demás, lo que no alcanzan a decir con palabras lo hacen con su cuerpo, quieren hacer las cosas a su modo, les gusta la sensación de posesión y pertenencia. Según van cumpliendo años, poco a poco van ampliando su manera de comprender la realidad que les rodea: hablan para ser escuchados y compartir sus propias experiencias, escuchan otras opiniones y las aceptan o rebaten empezando a dialogar, juegan con otros niños organizando el juego para la diversión de todos, buscan apoyos entre iguales...

Así va surgiendo la empatía, virtud que no deberíamos dejar de practicar nunca.

Ahora bien, en estas edades, un día se adoran y al siguiente se detestan. Es importante que en estos vaivenes sean ellos mismos los que, con su criterio decidan de quién se quieren rodear en cada momento. Tampoco es bueno pensar que todas las amistades que nacen en edades tan tempranas van a ser para toda la vida.


Los adultos debemos enseñarles a tener la capacidad pensar por qué sí o por qué no les conviene una amistad, sin sobreprotegerlos. Dar autonomía en el juego y en la elección de amistades hace que el niño sea capaz de forjar lazos con quienes le hacen sentirse querido y respetado. 

Ya lo dice aquella frase: 


lunes, 26 de octubre de 2015

Secretos

En Highlands nos gusta llevar a la práctica las formaciones que recibimos. Tal y como ya os conté en otro post, en septiembre tuvimos la suerte de contar con la presencia de Daniel Gabarró en nuestro calendario de formación para el profesorado. Su propuesta se orientaba a la aplicación de los PNL para la reducción de las faltas de ortografía en los alumnos, sin embargo, quiso ofrecernos más. Resulta que Daniel Gabarró ha creado un campus virtual con una serie de materiales muy valiosos pero gratuitos y de gran utilidad para "la transformación positiva de la vida de las personas".

Profesores y personal no docente hemos entrado a "cotillear" esos recursos y, sin duda, vamos a utilizarlos para lograr dicha transformación. De hecho, ya estamos en ello. Hace unos días, la Srta. María Castells, psicóloga del colegio, llevó a cabo un taller de prevención del acoso escolar dentro del programa de integración escolar. Los alumnos están trabajando la virtud del respeto durante el mes de octubre y a María le pareció oportuno que comprendieran que, a veces, los secretos que nos confían los amigos hay que contarlos, sin que eso suponga faltarle al respeto o ser un chivato y alguien desleal. De hecho, lo que pretendía era que los niños vieran la importancia y la necesidad de respetarse a uno mismo y a los demás, cosa que los secretos no siempre permiten. Para ello tomó las palabras que Gabarró expone en este vídeo:

Si no puedes verlo pincha aquí.

Como veis, el objetivo principal del taller es proteger a los alumnos susceptibles de ser víctimas acoso escolar, animar a los observadores a contarlo para ayudar a las víctimas a salir de esa situación y ayudar a los acosadores a reconducir su conducta.

Nuestra psicóloga consideró más adecuado explicárselo con imágenes y ejemplos a los alumnos de primero a tercero de primaria; mientras que a los mayores les puso el vídeo de Daniel Gabarró y establecieron un pequeño debate en el que todos opinaban y buscaban situaciones concretas para saber si iban, o no, bien encaminados. A pesar de mostrar algo más de resistencia a la hora de concretar qué secretos iban a revelar a partir de entonces, el mensaje que acababan de recibir no dejó a nadie indiferente.

Durante la actividad, María centró la atención de los niños en el paralelismo que existe entre quererse mucho a uno mismo y proteger la propia identidad. Así, poco a poco, fue explicando que hay veces que tenemos que decir las cosas que sentimos, que nos suceden o que nos han contado y no por eso vamos a ser chivatos. Nadie puede dejar que le hagan sufrir ni tampoco puede permitir que otros sufran sin hacer nada para evitarlo. Así de bien es como lo entendió una niña de primero de primaria que también se llama María; ella lo tiene claro: 

Si no puedes verlo pincha aquí.
"...Si un compañero te fastidia y te duele por dentro, entonces se lo tienes que decir a un mayor, o si un mayor te dice: "no le digas esto a tus padres", se lo tienes que decir. Tus padres te escuchan, te entienden... te quieren. 
Si habéis planeado una merienda con tu amigo, no se lo digas a tus padres que has invitado a tu amigo si ellos no te han dejado..."
Es bueno encontrar momentos en familia para que todos esos secretos que guardamos y que nos hacen daño o hacen daño a los demás salgan a la luz, lograremos paz, alivio, comprensión y ayuda. Los papás y los maestros debemos generar ese clima de confianza y de confidencias buscando momentos de encuentro que ayuden a los niños a compartir sus alegrías y sus ilusiones tanto como sus angustias y sus preocupaciones.


martes, 1 de septiembre de 2015

Ilusiones renovadas

A pesar de que os pueda parecer insólito, ¡las vacaciones se me han hecho cortas! Como decía Bugs Bunny...


Eso sí, tenía; tengo ganas de volver a empezar el curso, de recibir a los niños con la clase preparada y con las ilusiones renovadas.

Hoy la mayoría de los profesores hemos empezado "el cole". Sillas y mesas vacías, paredes sosas, pasillos silenciosos, la alegría de volver a ver a compañeros del curso pasado, conocer a algunos nuevos... y mucho trabajo. En sólo unos días tenemos que:
  • Preparar y decorar las aulas para convertirlas en un lugar cálido y acogedor donde los niños se sientan a gusto, cómodos, seguros.
  • Programar las primeras semanas atendiendo al proceso de adaptación que los alumnos de infantil (y otros no tan pequeños) necesitan al empezar un nuevo curso.
  • Recibir, asimilar y tratar de llevar a la práctica la formación y las innovaciones que nos ofrece el colegio.
  • Traspasar la información de nuestros alumnos del curso pasado a su futura tutora.
  • Empaparnos de toda la información académica y personal que vaya a ayudar a los niños en su formación integral.
  • Un largo etc., antes de que el día 14 de septiembre los niños empiecen el cole.

Nuestro director, el P. Gonzalo Monzón LC, nos ha recibido compartiendo con el claustro una reflexión sobre la educación basada en la etimología de la palabra maestro. Tal y como indicaba, maestro viene del latín, magister y se utilizaba para designar a aquel que ha alcanzado el más alto grado de conocimiento y competencia en su campo o profesión y por eso puede dar lecciones en ello. Se compone de los términos magis, que significa más y stare o estar de pie, de modo que un magister, maestro, es el que está parado más alto, haciendo alusión a su nivel de conocimientos que va a transmitir a sus alumnos.

En consecuencia, los maestros tenemos la obligación de conocer aquello que vamos a transmitir y dominarlo. No obstante, la realidad es que, tal y como decía el director, muchas veces somos nosotros los que aprendemos del día a día de nuestros alumnos, seres curiosos y exigentes que todo lo quieren saber. El P. Gonzalo también añadía un símil comparando la formación integral de una persona con la construcción de un edificio: "en la construcción del edificio de la vida, el maestro debe ser capaz de ver dónde falta el ladrillo, de encajar uno sobre otro levantando una obra fuerte y sólida que se sostenga firme con el paso de los años".

Padres y maestros debemos seleccionar bien los ladrillos y forjar una estructura llena de virtudes y habilidades. La mejor manera de hacerlo es poniendo el corazón en ello.


viernes, 15 de mayo de 2015

Tu primera red social

Tecnología, redes sociales, comunicación,... Vivimos una vida virtual, cada vez más cercana en la distancia pero más lejana con quienes nos rodean.

 

Pero hay una red social distinta, una que no está valorada ni actualmente reconocida:



Es red, une y reúne a un grupo de personas vinculados, en este caso, por motivos afectivos. También red en el sentido de rescate y seguridad. Es social porque nos permite relacionarnos, convivir, compartir nuestras emociones y experiencias en primera persona.


Enseñar a los niños a querer y a valorar a sus familias es... ¿sencillo?: afecto, cariño, seguridad, límites, autonomía, orden, cooperación, sinceridad, generosidad, respeto, entrega, empatía, independencia, unidad... Sí, es sencillo porque transmitir estos valores es prácticamente inherente a la propia entidad que constituye la familia.

Todo esto se logra educando en valores y emociones. También es tarea "fácil". Quizá la bondad es la más global de las emociones, porque alguien bueno, probablemente sea también generoso, respetuoso, sincero, empático... Educar en la gratitud también es garantía de éxito. Porque agradecer es valorar al prójimo, comprender, mostrar cariño... Y un niño bueno y agradecido, es muy posible que sea justo. Justo en sus juicios y opiniones, en sus acciones y reacciones. Lo que decíamos, "fácil".



Es en el marco familiar donde podemos incidir con mayor garantía de éxito en la transmisión de estos valores, donde podemos inundar la sangre de los niños de conductas "S" que generan actitudes "A" y evitar las conductas "R", causantes de actitudes "D".

Os deseo muchas eses.

lunes, 2 de febrero de 2015

De verdad de la buena

Dice el refrán que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad. Sobre los primeros me reservo la opinión. Sobre los segundos puedo dar fe de que eso es así. Pero esta sinceridad se refiere más a las percepciones, a lo que les parece absurdo o extraño, a lo que cambia con respecto a sus costumbres. Por ejemplo "¿señorita, porqué te has pintado con lápiz una raya en los ojos?" haciendo alusión a mi maquillaje o "¿vas disfrazada de abeja a una fiesta?", refiriendose a un top monísimo -eso pensaba yo- de color gris marengo con rayas de lentejuelas doradas...



La sinceridad es una virtud que a todos nos cuesta respetar en algún momento de nuestra vida, porque no nos engañemos, las excusas también son una forma de mentir (aunque sea a nosotros mismos).

En el aula se viven muchas circunstancias en las que no hay nunca un culpable del llanto de un niño. Tampoco nadie se guarda en la mochila la plastilina que misteriosamente desaparece. Evidentemente, nadie rompe nada, las cosas se rompen solitas. Y los bocadillos y desayunos caen a la basura sin poder remediarlo, solo los que no gustan, eso sí.



En su libro Nuestros hijos y sus problemas, el recién fallecido psiquiatra infantil Paulino Castells dice que el niño no miente conscientemente hasta los seis años. Sin contradecir lo anterior, en varias ocasiones hemos hablado de los periodos sensitivos: aquellos momentos en los que el cerebro y la conciencia del niño están más preparados para entrenar determinadas habilidades o virtudes. Pues bien, la de la sinceridad se puede empezar a trabajar a los 3 años.

Ayudar al niño a ser sincero es una tarea complicada por varios motivos. En primer lugar, porque debemos ser modelo de sinceridad y no siempre lo somos. Por ejemplo, nos llaman por teléfono para invitarnos a una comida y atendemos la llamada con cordialidad o incluso efusividad y al colgar comentamos: "¡Qué pereza ir a comer a casa de menganito! ¡No me apetece nada!". Eso, a oídos del niño es, en el mejor de los casos, falta de inteligencia por nuestra parte: haber dicho que no. En el peor de ellos: una mentira.

En segundo lugar, es difícil porque la verdad cuesta. Reconocer el error y la culpa es duro. Sabemos que por ello no nos van a premiar. También cuesta porque para ellos es díficil establecer el límite entre fantasía y realidad. Esto se complica cuando añadimos el factor de la satisfacción inmediata: un color + una pared blanca = pinto la pared. ¿Cómo hacer que la sinceridad sea atractiva? 

  • Debemos evitarles fingimientos, la falsedad. Ser un modelo a imitar.
  • Reforzar y aplaudir siempre la sinceridad del niño.
  • Ayudar a identificar la mentira con el error y a reconducir esa conducta.
  • Expresarnos con claridad y sencillez facilita el reconocimiento de la verdad cuando el adulto habla. 
  • Razonar la sinceridad: Castells recomienda hacer comprender al niño que la verdad trae más ventajas que la mentira.
  • No etiquetar al niño de mentiroso ni de culpable.
  • Responder a sus preguntas con sinceridad.

A los 5 años, a través de la observación y la imitación el hábito ya se puede haber adquirido. Es importante favorecer la autoestima y confianza del niño para que no se presente la necesidad de mentir ante situaciones de estrés o de debilidad.

La virtud de la sinceridad es la base para muchas otras virtudes como la honestidad, la honradez, la lealtad, la amistad, la confianza, el respeto, la justicia... Además de mejorar su autoestima, confianza en sí mismo y las relaciones interpersonales.



miércoles, 24 de diciembre de 2014

Holidays are coming!

¡La Navidad ya está aquí! ¡Las vacaciones han llegado!


El tópico de "es una fiesta para los niños" o "los peques son los protagonistas" no me vale para este año. Es obvio que son ellos los que más van a disfrutar pero es nuestra responsabilidad y nuestra obligación transmitir algo más que consumismo, regalos, compras y comilonas.

La Navidad es una época perfecta para inculcar valores y virtudes como la generosidad, la caridad, la gratitud, la amabilidad, la sensatez. Ayudar a los niños (a partir de ciertas edades) a valorar lo que tienen y a comprender que no se puede tener todo es complicado. Podemos poner como punto de partida la mesura al escribir la carta a Papá Noel o a los Reyes Magos: no pueden recibir cartas con un catálogo de juguetería completo. Los adultos debemos "censurarla" con la ayuda de los niños, haciéndoles reflexiones como: "tienes uno muy parecido", "a esto no jugarás porque no te gusta...", "esto mejor lo pedimos para tu cumpleaños, que tantas cosas no se pueden pedir". 

Para valorar lo que tienen, es bueno que cuando hagan la carta, por cada juguete que pidan escojan uno suyo para regalárselo a un niño que no pueda celebrar la Navidad.

A los papás de los más pequeños os recuerdo que el Niño Jesús, los Reyes Magos y Santa Claus están recogiendo chupetes y pañales de los niños que ya se han hecho mayores y ya no lo van a necesitar.

Y a todos, amigos y lectores, os deseo una felicísima Navidad rodeados del cariño de los vuestros, que siempre es el mejor regalo.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Querid@s profesor@s:

Me sumo a ellos. 


Yo también quiero dar las gracias a mis profesores. A los buenos y a los no tan buenos. A los que me enseñaron a saber y sobre todo a los que me enseñaron a ser. Doy las gracias a las profesoras que me hicieron disfrutar de mi niñez y a las que exigieron tanto de mi que hasta me amargaron algún que otro día.

Recuerdo muchos nombres, pero hay tres que brillan más que los demás: la Madre Aruora, la Srta. Patricia, y la Srta. Viqui Mauri ocupan mi podio. Los demás están en mi recuerdo y forman parte de lo que soy. Casualmente, o no tanto; las tres me dieron clase antes de que yo cumpliera 10 años. O mejor, las tres me acompañaron de forma especial durante mi primer década.

He tenido buenos profesores en el resto de etapas de mi vida. Muy sabios, o muy cercanos, muy accesibles o muy metódicos. No todos han dejado el mismo rastro. 

Ya de mayor, viendo a otras maestras en ejercicio, pienso el gran recuerdo que se van a llevar los niños de ellas y del cual ellos aún no son conscientes. 



Montessori, como reza el subtítulo de este blog, dice que la mayor señal del éxito de un profesor es poder decir: "Ahora los niños trabajan como si yo no existiera". Yo pongo cada día todo mi empeño en que mis alumnos aprendan conceptos, desarrollen su lenguaje o la pinza, me esfuerzo por que razonen y sepan resolverse en las situaciones más cotidianas, pero mi mayor esfuerzo se dirige a hacer de ellos buenas personas, educadas, responsables, cariñosas, sensatas, conscientes, agradecidas y felices. Si logro que lo reciban y un día lleguen a serlo, les acompañaré siempre en su recuerdo o en su proceder.

domingo, 19 de octubre de 2014

Cortar por lo sano

La paciencia es una virtud muy valorada entre padres y madres, en los maestros debería darse por supuesto. Para ejercer la paternidad o en el ámbito de la enseñanza es casi imprescindible. El que se ha considerado impaciente toda su vida, se da cuenta que existe un poso de paciencia latente en su interior que empieza a salir a la luz cuando se encuentra en pleno desarrollo de su papel de progenitor.

No obstante, la paciencia no es infinita y, es más, no tiene por qué serlo. La típica frase de "se me está agotando la paciencia" es real y para muestra...


Y es que hay veces que, cuando los niños (y no tan niños) han despreciado todas las oportunidades que les hemos brindado, hay que cortar por lo sano. Atajar el problema de raíz.

El vídeo anterior es un ejemplo un poco drástico, pero estoy segura de que este chico está trabajando, aunque su único leitmotiv sea ganar dinero para comprarse más vídeojuegos.

Otras veces los niños están inquietos o "pesados" por el simple hecho de ser niños: cansancio, ganas de moverse, malestar, hambre... y la paciencia nos puede ayudar a controlar nuestras reacciones pero siempre podemos buscar medios alternativos para distraerlos hasta poder resolver dichas inquietudes.




miércoles, 15 de octubre de 2014

Porque yo lo valgo

Hay dos cuestiones que parecen independientes pero que están íntimamente relacionadas: la profecía autocumplida y la aceptación.

La primera consiste en generar en el niño actitudes, hábitos o virtudes que no existían a base de repetirle constantemente que él es así, por ejemplo: "Menganito, ¡eres muy pesado!" pues Menganito acabará siendo pesado o "Fulanito ¡qué mal te portas!" y Fulanito tenderá a portarse mal... Está altamente relacionado con el tema de las etiquetas que tratamos en Código de barras. Viene a ser similar al Efecto Pigmalión.


Paralelamente, podemos usar exactamente la misma profecía para generar actitudes positivas, hábitos saludables o virtudes en lugar de defectos: "Menganito ¡cuánto me gusta que me pidas las cosas por favor y sólo una vez!" y Menganito aprenderá (a través de la repetición) que con una vez es suficiente, o "Fulanito ¿te has equivocado? ¿no volverás a hacerlo? ¡qué bueno eres!", y Fulanito volverá a hacerlo pero ya habremos despertado en él la conciencia del bien y el mal...

El segundo punto es la aceptación de los niños tal como son, no debemos perseguir que sean distintos porque no son una extensión de sus padres, sino personas únicas e irrepetibles con una personalidad y un entorno que los hacen ser así. La sensación de crecer sabiendo que tus papás querrían que hicieras las cosas de otra manera es muy negativa y perjudicial para el niño. Evidentemente hay que ser ambiciosos y buscar la excelencia en su educación.



Al final, no aceptar a un niño tal y como es supone tener unas expectativas puestas en él que difícilmente va a alcanzar o, haberlo etiquetado, condenándolo por sus debilidades antes de valorar sus puntos fuertes.

Soy partidaria de los límites y del reconocimiento de la autoridad (que no autoritarismo) del adulto pero no todo vale ni todos valemos para todo. Sea cual sea la cualidad ausente en nuestros niños, obviémosla. Destacar los esfuerzos, los logros grandes o pequeños, lo que hacen que ese niño sea especial; le hará crecer en un ambiente de seguridad y afecto que favorecerá su autoestima y su autoconcepto. Además, todos tenemos virtudes que hacen que, en mayor o menor medida compensemos nuestras carencias.

Quizá es la peor bailarina de la clase, pero siempre podremos decirle lo orgullosos que estamos del esfuerzo y la perseverancia, ya que eso la hacen mejor que a cualquier otra compañera. Y luego, la vida da tantas vueltas...




miércoles, 8 de octubre de 2014

Humor de perros

No soy amante de los animales, lo reconozco. No es que me den miedo, es que no me gustan. No despiertan en mi interés, no me enternecen.

El caso es que, cuando hay niños de por medio, la cosa cambia.



Dejando a un lado mis gustos, los animales (la naturaleza en general) son una fuente riquísima de experiencias reales, naturales, sensoriales, emocionales y llenas de vida que alimentan el aprendizaje tanto o más que cualquier otro tipo vivencias.

Según Catherine L'Ecuyer en su libro Educar en el asombro, "los niños necesitan más que nunca asombrarse pacientemente mirando como se arrastra un caracol, observando cómo una flor crece, cómo una gota de lluvia resbala por el cuerpo de un ciempiés peludo, viendo aparecer un brote, regando las plantas...".

Es verdad que los niños tienen una pasión natural por la naturaleza y que somos los adultos los que la coartamos. Un animal en casa o en un zoo despierta en ellos una infinidad de preguntas y respuestas que de otro modo no aparecen. Y si además añadimos el desarrollo motor que favorecen algunas mascotas como la del vídeo así como tantas virtudes (responsabilidad, dedicación, esfuerzo,...) podemos decir que la naturaleza, por sí misma, educa a las personas.


domingo, 21 de septiembre de 2014

Código de barras

¡Qué duro es sentirse diferente! Especialmente si la diferencia nos pone por debajo de lo que socialmente está establecido como "normal". A todos nos ha pasado en algún momento. Hasta hay cuentos como "El patito feo" que pretende sensibilizar a los más pequeños inculcándoles que hay que querer a los demás por lo que son, no por su físico o lo que tienen.


Con los niños con dificultades de aprendizaje, caben dos posibilidades: ayudarles a que su infancia sea lo más normal y feliz posible o la más frustrante que hubiera podido imaginar.

Un maestro, en colaboración con la familia, debe lograr encontrar aquello que, en cada alumno lo hace diferente, especial, importante. Es difícil, costoso, lento, a veces casi imposible, pero los beneficios de encontrarlo repercuten directamente en la autoestima y el autoconcepto de los niños.



Ya comentamos en posts anteriores que etiquetar a las personas es un gran lastre. Un niño etiquetado es un niño al que ya hemos limitado su desarrollo potencial. A un niño al que excluimos de determinadas actividades por que su presencia puede ser molesta o dificultar el desarrollo de las mismas, le estamos cortando las alas en lo que a autonomía y a aprendizaje se refiere.

Todos tenemos algo bueno, algo en lo que destacamos (aunque sea un poco) por encima de la media: una actitud, un valor, una virtud, un hábito... Lo mejor es descubrirlo y explotarlo, porque eso nos dará seguridad y confianza para compensar nuestras debilidades.


El adulto debe procurar que el niño dé con eso que le va a hacer brillar "a pesar de los pesares".

jueves, 4 de septiembre de 2014

Love is all that matters

He recibido este vídeo hoy. 

No puedo escribir nada, literalmente no puedo. 


Con los ojos llenos de lágrimas y el corazón encogido doy gracias a Dios por la suerte que he tenido y le agradezco también el poder dedicar mi vida a la educación infantil, aunque seguramente los niños con quien yo trabajo me necesiten mucho menos que ESTER y SAM a su hermana de 8 años. 

Ojalá no vieramos el sufrimiento en la cara de ningún niño, ojalá. Pero como no puede ser, ojalá todos los niños del mundo tuvieran un ángel de la guarda tan real y tan valiente como JANE. Seguramente sea lo mejor que tienen ESTER y SAM en esta vida. Está claro que el amor es lo único lo que importa, lo único que nos engrandece.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Buena gente

Hoy, como algunas otras veces, tomo prestado el texto de un experto: Leopoldo Abadía. Su experiencia no se ciñe al ámbito educativo, aunque dada su biografía, éste también debe ser un área que domina.

Su escrito, que transcribo literalmente de un correo que he recibido, se puede resumir en dos puntos: dar a los hijos una buena formación, la mejor posible, tanto académica como personal y responsabilizarse de la misma. Mejor nos lo explica él:
Nuestros hijos
Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. 
Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados". 
Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación. 
En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora (esto es pregunta de señoras) y decía esa frase que a mí me hace tanta gracia: "qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?" 
Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: 
"y a mí, qué me importa?!" 
Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.
Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64. 
Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.
Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española 
2. La segunda guerra mundial 
3. Las dos bombas atómicas 
4. Corea 
5. Vietnam 
6. Los Balcanes 
7. Afganistán 
8. Irak 
9. Internet 
10. La globalización
Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. 
Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!
Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.
A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales.Lo que por ahí se llama "buena gente".
Porque si son buena gente harán un mundo bueno.
Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: 
que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos...
En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran. 
Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo. 
A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. 
Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro,
en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas. 
Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de "Historia de mi pueblo" (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas. 
Pero lo fundamental es lo otro: los padres. 
Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, 
que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la tele basura,
que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado. 
Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA. 
P.D.:
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres. 
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas
que sacaba su padre cuando era pequeño. 
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.
Leopoldo Abadía
Al final, de lo que se trata es de educar "buena gente", íntegra, abierta, valiente, responsable, ..., feliz.

Hoy he leído una frase que me ha parecido una sentencia brutal: 


Agrandemos el espíritu de los niños, mirando adelante con optimismo y ganas de ser cada día un poco mejores.