Mostrando entradas con la etiqueta modelo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta modelo. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de agosto de 2017

Convivencia

Hay algo entre Pasito de Gigante y yo que me impide dejarlo. Llevo meses pensando que "este será el último post" pero, después me arrepiento y sigo acumulando ideas para poder publicar algo más adelante.

En esta situación me encontraba, a punto de dejarlo, cuando leyendo "Sopa de pollo para el alma" di con este poema:



Los niños aprenden lo que viven
Si los niños conviven con críticas, aprenden a condenar.
Si los niños conviven con hostilidad, aprenden a ser agresivos.
Si los niños conviven con miedo, aprenden a ser cobardes.
Si los niños conviven con compasión, aprenden a compadecerse de sí mismos.
Si los niños conviven con ridículo, aprenden a ser tímidos.
Si los niños conviven con celos, aprenden a sentir envidia.
Si los niños conviven con vergüenza, aprenden a sentirse culpables.
Si los niños conviven con tolerancia, aprenden a ser pacientes.
Si los niños conviven con estímulo, aprenden a confiar en sí mismos.
Si los niños conviven con elogios, aprenden a apreciar a los demás.
Si los niños conviven con aprobación, aprenden a valorarse a sí mismos.
Si los niños conviven con aceptación, aprenden a encontrar amor en el mundo.
Si los niños conviven con reconocimiento, aprenden a tener un objetivo.
Si los niños conviven con solidaridad, aprenden a ser generosos.
Si los niños conviven con sinceridad, aprenden que es la verdad.
Si los niños conviven con ecuanimidad, aprenden qué es la justicia.
Si los niños conviven con amabilidad y consideración, aprenden a respetar a los demás.
Si los niños conviven con seguridad, aprenden a tener fe en sí mismos y en quienes les rodean.
Si los niños viven con afecto, aprenden que el mundo es un maravilloso lugar donde vivir.


Dorothy Nolte 

La reflexión está clara: ¿con qué conviven tus hijos?


No se trata de enmascarar los errores o de mirar hacia otro lado cuando hay un mal comportamiento, se trata de educar desde el afecto, ofreciendo seguridad y coherencia en nuestras decisiones y actuaciones.

Hagamos de este verano un momento de convivencia con la tolerancia, el estímulo, los elogios, la aprobación, la aceptación... ¡Es la mejor manera de aprovechar las vacaciones!

martes, 28 de febrero de 2017

Con solo una mirada

El otro día, la gran blogger y mejor amiga Patricia de Coolhunter Diary me mandó este artículo de la revista Elle.es que hoy comparto con vosotros:




Con muchísimo orgullo a la vez que con muchísima responsabilidad me uno al movimiento #realinfluencers. Mi principal objetivo es ayudar a todo aquel niño que pase por mi vida a ser un poquito mejor cada día, de la misma manera que intento mejorar yo. 

Para bien (espero) o para mal, tengo en mis manos la tarea de acompañar a un considerable número de alumnos en su crecimiento académico pero también personal. Sin ánimo de sonar pedante o engreída -hablo en general- los maestros somos verdaderamente #realinfluencers. Llegamos a provocar la necesidad de instaurar un sistema de reciclaje en los hogares o a evitar la Coca-cola y la comida rápida. "La Señorita Ana dice que tenemos que cuidar el material", "la Señorita Ana dice que si no hacemos pistola para coger el lápiz se nos estropearan las manos", "la Señorita Ana dice..." 

También podemos ser un arma arrojadiza de padres hacia hijos: "Como sigas portándote así le pongo una nota a tu Señorita" o jurado de prestigio: "Le voy a decir a la Señorita Ana lo bien que has...".

En cualquier caso, como maestra te das cuenta de que con solo una mirada llegas a la cabeza y al corazón de los niños, siendo para ellos una persona de influencia. Yo iría más allá, ya que -y hablo por mí- y buscaría los #realpositiveinfluencers. Yo por lo menos me dejo la piel para conseguirlo.



Aunque la canción tenía claramente otro significado, la letra es la realidad de la relación maestro-alumno. 

Con solo una mirada
Con solo una palabra
Me puedes aliviar
Me puedes destruir 
Me puedes convencer 

Con solo una llamada 
Aun de madrugada* 
Me puedes derretir 
Me puedes convertir 
En lo que quieras tú 

Tienes poder sobre mi como puedes ver 
Me has sometido aunque nunca me hayas obligado 

Con solo una caricia 
Tu pelo en mi almohada* 
Me puedes engañar 
Me puedes castigar 
Que nada* cambiará
(todo)*zzzzz  

Me pregunto si causo el mismo efecto en ti 
Me da miedo pensar que algún día no existas 

*Son las únicas palabras que habría que cambiar.

Tristemente, con solo una mirada o una palabra todos tenemos el poder de destruir el desarrollo de un niño, de ahí que debemos ser #realpositiveinfluencers.

¡Ah! y la respuesta es sí; ¡los niños causan el mismo efecto en mi con solo una mirada!

martes, 2 de agosto de 2016

Domesticar

Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. Ya he vuelto a casa después de un mes trabajando en Irlanda. ¡Vacaciones en modo on!

La infancia también es una etapa fugaz en los niños. A veces nos empeñamos en acelerarla, pretendiendo que los peques se hagan mayores antes de lo que les corresponde. Otras veces, al contrario, intentamos anclarlos a un periodo que necesariamente ha de pasar, alargando el uso del chupete o el pañal, hablándoles como si fueran bebés de cuna... Como siempre, en el término medio está el acierto.

Los niños necesitan crecer y desarrollar su propia personalidad. Obviamente, la educación que los padres eligen para ellos es determinante y modela los rasgos de su carácter, sin embargo, muchas veces, sin darnos cuenta, incidimos en su desarrollo de forma negativa.


En estos días de vacaciones tenemos la oportunidad de descubrir la esencia de cada niño buscando y potenciando lo mejor de cada uno de ellos. No se trata de hacer deberes, planes, actividades especiales o comprar todos los caprichos que el verano pone a nuestro alcance. Se trata de "domesticar":


Puede sonar rudo, deshumanizado pero traducido al lenguaje real, es la principal labor de la familia y de la educación: crear lazos.  

Educar es un "trabajo" exigente y continuo, a jornada completa y a tiempo indefinido. Cada gesto, cada acción, cada respuesta o actitud dejan una huella mayor o menor en los niños que van perfilando su personalidad.


Es cierto que hay niños con un temperamento fuerte, difíciles de "domesticar". A veces es por su exceso de energía, otras por las circunstancias familiares o los problemas de salud lo que hace complicado el proceso educativo. No obstante, como en la mayoría de los casos, la paciencia es la herramienta más útil en estas circunstancias. A partir de ahí, todo consiste en poner prioridades entre las semillas que queremos sembrar en el corazón de los niños. El sentido común juega un papel importante a la hora de poner límites y dar responsabilidades y autonomía a los niños: hemos de saber cubrir sus necesidades motrices, intelectuales, emocionales de manera que siempre sea el adulto el que lleva las riendas; pero ¡ojo!, no sólo para frenar sino para guiar, motivar, enderezar... "domesticar".



En cualquier caso, todos somos únicos, especiales. Como entre el Principito y zorro, como entre padres e hijos, profesores y alumnos...


lunes, 25 de julio de 2016

Mi equipaje

Ya se termina mi estancia en Woodlands. El jueves cierro la maleta y vuelvo a Barcelona con una experiencia más a mis espaldas. 


He mejorado mi inglés y el funcionamiento de la academia, he conocido a muchas personas de otras culturas, he descubierto Irlanda con su clima tan particular y sus rincones espectaculares y también me he conocido un poco mejor a mí misma. En tres días cierro la red door.


Además he conocido otros aspectos de las niñas de entre 9 y 14 años que la vida escolar no te deja apreciar. En una experiencia como un Summer Camp en el extranjero, palabras como esfuerzo, responsabilidad, independencia y autonomía se convierten en necesarias. Especialmente las niñas más pequeñas se dan cuenta de lo que supone estar lejos de casa e inmersas en otro idioma que no es el suyo. 

Otra de las expresiones que más se oye es "en mi casa me dejan" o "en mi casa no tengo que hacerlo" especialmente durante las comidas y los hábitos de sueño y orden. Me ha sorprendido el contraste que hay en los estilos educativos y lo evidente que se hace la educación que dan los padres en casa  (para bien y para mal) cuando convives con sus hijas por un tiempo. Aquello de que "se educa con el ejemplo" y que tantas veces hemos repetido en este blog es totalmente cierto. 

En lo que respecta a su desarrollo, no hay nada mejor que dar a un niño autonomía, afecto y responsabilidades para que crezca con seguridad y buena autoestima. Cuanta más confianza depositamos en ellos más seguros y capaces serán el día de mañana.

En este sentido también ha sido llamativo ver el valor que las niñas dan al dinero. Algunas han sido capaces de ahorrar y esperar a comprar el regalo que realmente andaban buscando para su mamá mientras otras disponían de una cantidad casi aberrante de efectivo y han despilfarrado en caprichos que no corresponden a las necesidades de una niña de su edad (casi ni de la mía...). 


Por otro lado es importante educar en los hábitos de alimentación. Enseñar a los pequeños a probar de todo, a comer variado y a ser respetuosos y agradecidos con aquellos que preparan la comida es algo que está al alcance de todos. He visto niñas sacar el relleno del sandwich o la cobertura de la pizza porque sólo les gusta el jamón de casa, otras que "en casa no comen puré ni pescado que no esté hecho a la plancha" y por lo tanto, no cenan... Otras que se abalanzan sobre la comida sin pensar en la ración que pueden ingerir ni si en alguien más va a querer comer. Es importante hacer de la comida en familia un momento placentero y educativo. El lado positivo  es que nunca es tarde para ponerse a ello.


Como decía, cierro mi equipaje con todas estas experiencias y algunas más que reservo para mí. 

¡El próximo post lo escribo desde España!

lunes, 11 de abril de 2016

Vence pero no convence

"Autoridad: Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia". Diccionario RAE.


El pasado lunes, Maria Rosa Espot, Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Autónoma de Barcelona, Doctora en Humanidades por la Universitat Internacional de Catalunya y experta en autoridad, además de maestra durante muchos años; estuvo dando una charla al profesorado de mi colegio. Según dice, la autoridad es una relación educativa caracterizada porque el niño reconoce las cualidades del educador (saber, saber hacer, consejos, valores, acciones, actitudes...), ya sea padre o maestro, como válidas; como modelo a seguir.


A pesar de que la autoridad es una cualidad que todos los adultos buscamos dominar para poder educar a los niños que nos rodean, es "un bien que escasea", en palabras de Espot. Sin embargo, tal y como ella misma dice, "es imprescindible para una buena convivencia".


Ahora bien, ¿cómo tener autoridad sin ser autoritario? Por que no es lo mismo que a uno le reconozcan las cualidades y convicciones propias para tomarlas como referencia frente al hecho de exigir obediencia incondicional sin dar razones convincentes. Pues bien, la respuesta es sencillamente complicada: siendo el vivo ejemplo de lo que queremos lograr en los niños. Tener y demostrar los valores que exigimos en ellos. Mostrar con nuestra actitud hacia ellos que pretendemos sacar lo mejor de sí mismos, buscar su bien y su aprendizaje, tener una paciencia infinita, actuar con prudencia y amabilidad, transmitir credibilidad siendo coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos, ser optimistas, positivos y tener sentido del humor, mostrar amor e interés por las personas que están a nuestro cargo...


Y es que los gritos, las broncas y las exigencias que no van respaldadas por la actitud y la conducta que exigimos, vencen, por que logras que el niño te obedezca, pero no convencen por que no podrá tomarte como referente.


A mí, la idea me convenció. 

lunes, 8 de febrero de 2016

Comodín de la llamada

Existe un "estudio" realizado por Telefónica cuyos resultados son del todo curiosos.


Si esto sucede entre adultos, imaginad la fuerza del vínculo que une a un niño con su referente más importante: sus padres. Para los niños no hay papá o mamá más fuerte, inteligente, guap@, valiente... que el suyo propio. 



El caso es que hay dos factores a tener en cuenta: el primero es que la niñez no dura para siempre. El segundo es que esta red no es algo que surja de la noche a la mañana, ni como consecuencia de complacer y ceder a todos los caprichos materiales. 

Este hilo invisible entre padres e hijos es algo que se cocina a fuego lento, un caldo en el que hay de todo. Os dejo una receta tradicional aunque ya sabéis que para gustos los colores:

- 2 litros de amor,
- 10 de paciencia,
- un par de porciones de exigencia,
- 3 kg de perseverancia,
- unas cuantas charlas y conversaciones,
- dos cucharadas de límites.

Mezclar los ingredientes, llevar a ebullición en un ambiente sano y estimulante, dejar reposar por años y servir con amabilidad y delicadeza.

Aderezar al gusto con toda la alegría y el tiempo que se pueda.

Si el día de mañana queremos ser el teléfono recordado al que llamarán nuestros hijos, debemos esforzarnos en darles seguridad y afecto. Con esta receta es difícil que lo olviden.

Todos disponemos de los ingredientes, ahora sólo hay que cocinarlos. 

En unos años, recibiremos esa llamada. El guiso estará a punto.

lunes, 25 de enero de 2016

Cambiar el chip

La etapa de infantil es crucial para asentar conductas, inculcar comportamientos, valores y hábitos. Parecerá que exagero, pero no. Ya lo hemos contado muchas veces.

El caso es que puede llegar a ser increíblemente sencillo cambiar el chip de un niño: mano izquierda y perseverancia; el cambio llega.


Cuando digo mano izquierda no me refiero a chantajes ni premios. El cambio en el niño se logra a través de la motivación y el afecto. Ellos, como los adultos, tienen preferencias y habilidades así como cosas que les cuesta  llevar a cabo. En general, ante estas cosas, se plantan: no me quiero duchar solo, no sé subirme la cremallera, no quiero leer, estoy cansado y no quiero recoger, la cena no me gusta, este peine me hace daño... En ocasiones incluso aparece el llanto o el "orgullo". 

En este punto es cuando hay que darle al interruptor, desbloquear la cabezonería y activar la transmisión de confianza en ellos. Como es obvio, el cambio no se produce de un día para otro. Hay que ser paciente e insistir en lo orgullosos que nos sentimos de todos sus esfuerzos. Reconociendo los más pequeños -sin exagerar- despertaremos en ellos ese gusanillo propio de los niños por agradar al adulto, especialmente a sus profesoras que nace alrededor de los 5 años y se alarga durante los primeros cursos de primaria.

Otra manera de cambiar el chip es "reciclando" esas conductas que no nos gustan en los niños. Un niño al que le cuesta comer se le puede nombrar responsable del comedor y como tal, ser el modelo y el ejemplo de todos sus compañeros o de sus hermanos. A quien le gusta mandar y le cuesta ceder se le puede encargar que no haya nadie en el patio jugando solito. Al niño que usa la fuerza para interactuar con sus amigos se le puede pedir que sea el ayudante en casa o en el cole de las tareas más físicas...


Y así, poooocooo a poooocoooo.... conseguiremos darle la vuelta a la tortilla.

lunes, 18 de enero de 2016

Lo que necesitas es amor

El amor es el sentimiento que mueve a las personas a expresar afecto y desear lo mejor a esa persona amada.



La educación es la tarea que mueve a un maestro a ofrecer lo mejor de sí mismo a sus alumnos.

Educar es amar.

Si el amor es el motor de la labor educativa, cometamos los errores que cometamos, el resultado siempre será bueno. Eso sí, hay que tener muy claro lo que se hace por amor: la autoridad se ejerce por amor, el autoritarismo por poder, la obediencia por amor, la sumisión por satisfacción personal, el respeto se enseña a través del amor la imposición a través del odio...

Educar por, para y a través del amor es algo complicadísimo porque, como siempre, la teoría es preciosa y fácil de comprender pero la práctica... La práctica supone sacrificios, paciencia, firmeza, exigencia, empatía, caridad, perseverancia,... y tiempo, mucho tiempo dando ejemplo, siendo un modelo a imitar, etc. para que todas estas cualidades vayan haciendo un poso en el corazón de los niños hasta que un día te demuestran que te han comprendido perfectamente.



Los niños quieren. Regalan su cariño a cambio de muy poco. Todos lo hacen a cambio de seguridad. Cuando crecen se van dando cuenta de la medida en que su cariño es correspondido y se vuelven más selectivos pero en cualquier caso, todas las personas, sea cual sea nuestra edad, necesitamos sentirnos queridos para ser mejores y desarrollar todo nuestro potencial.

Ya en los 90 lo decían Isabel Gemio y Jesús Puente...

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Cuestión de fe

¡Feliz año nuevo! ¡Mis mejores deseos! ¡Feliz 2016! ¡Este año se cumplirán todos tus sueños!... Estos días no se oye otra cosa. Lo curioso es que es algo que podríamos repetir cada mes, cada día, cada hora o incluso cada minuto de nuestras vidas. Porque el tiempo es más que oro, es vida, y esa es una verdad como un templo. Que lo sepamos utilizar, o no, ya es otro asunto.



Todos disponemos de tiempo que dedicamos principalmente a nuestras obligaciones, a nuestras rutinas. El que nos sobra es el que podemos dedicar a lo que nos dé la gana. Lo ideal, que además parece lo lógico, es que lo dediquemos a aquello que nos hace feliz. En esto, los niños son verdaderos expertos.

Durante estos días he tenido la oportunidad de ver la película Little Boy (#LittleBoyMovie) de Eduardo Verástegui. 


Verástegui es un fervoroso católico cuya misión en los últimos años parece que se ha convertido en el apostolado a través del cine y las redes sociales, promoviendo los valores del Evangelio y el amor como base de las relaciones humanas. 

El eslogan de la película, "la fe mueve montañas", deja clara la invitación. El resumen podría ser: tú ten fe, que Dios hará el resto. Más allá de las cuestiones religiosas, del largometraje podemos extraer varias lecciones:

  • La cantidad de confianza o fe que ponemos en los demás es directamente proporcional a la motivación, al esfuerzo y a la dedicación en un determinado asunto o tarea.
  • La intensidad con la que creamos en nuestra capacidad para lograr las cosas será la misma que mueva a los demás a creerlo y actuar en consecuencia.
  • Las ilusiones verdaderas y profundas de los niños no se destruyen fácilmente. Siempre que sean sanas y positivas debemos alimentarlas y ayudarles en su lucha por alcanzarlas.
  • El esfuerzo y la perseverancia siempre valen la pena, aun cuando la meta parece complicada. La esperanza es lo último que uno debe perder.
  • Del amor brota más amor. Cuando educas desde el amor, en el amor y por amor plantas una semilla de la que seguro brotará más amor. El amor, que es en lo que se basa la fe, mueve montañas.
  • Las obras de caridad son el abono y el riego que la semilla del amor necesita para crecer.
  • Un niño (en realidad, cualquier ser humano) que se siente amado, a pesar del dolor, de las desgracias o del miedo, se siente seguro y es capaz de salir siempre adelante.



Mi deseo para el año que viene es que todos encontremos a nuestro "Little boy" en nuestros corazones para que seamos capaces de mover montañas. 

martes, 17 de noviembre de 2015

Purpurina

En un momento en que occidente llora unas muertes absurdas, tanto como todas las que provocan las guerras, el odio, el dinero y el poder en el resto del mundo; me resulta difícil escribir.


Educar para la Paz, por la Paz y en la Paz debería ser uno de los principales objetivos de cualquier sistema educativo. Hay dos metodologías que funcionan, y de hecho, son más eficaces si se aplican conjuntamente: amor y ejemplo.


Es nuestra obligación enseñar a los niños a canalizar sus emociones, en especial las negativas. Aprendiendo a controlarlas desarrollarán una personalidad fuerte que les ayudará a tomar las decisiones adecuadas en los momentos decisivos en sus vidas. 


Ser conscientes del torbellino de purpurina es el primer paso para lograr llevarla de nuevo a la calma y evitar males mayores.

lunes, 5 de octubre de 2015

Lo que tú digas

La capacidad de persuasión de los adultos sobre los niños es directamente proporcional al nivel de autoridad y de seguridad que ofrecen los primeros a los segundos. Cuando un niño confía en ti, sabe que a tu lado está seguro, comprende lo que esperas de él y está convencido de que lo quieres y lo aceptas tal como es, valorando sus éxitos y apoyándolo en sus err... aprendizajes; entonces digas lo que digas y hagas lo que hagas, te creerá. Querrá agradarte, complacerte, darte la razón... a toda costa.


Recuerdo la influencia que ejercí el año pasado en mis niños de P3 y P4 a través de los proyectos que planteamos en la clase relacionados con el cuerpo humano, la alimentación y el reciclaje. Los papás desesperados me decían que ya no podían beber Coca-Cola por que yo había dicho que no era buena para los riñones y que en cambio tenían que beber agua para hidratar su cerebro. También tuvieron que añadir más frutas a los desayunos del cole y reducir el McDonald's y la pizza para llevar una dieta saludable y cambiar el papel de aluminio y las bolsas de plástico del almuerzo por tuppers que se pueden reutilizar. Y todo, por que lo dice la Srta. Ana... 



Esto es una ventaja para los educadores -padres y maestros- que nos pone en situación de reconducir actitudes y situaciones a nuestro antojo sin que parezca que les quitamos la razón o que ponemos límites a su voluntad. Eso sí, primero hay que ganarse ese respeto fruto del equilibrio entre afecto y autoridad y, en segundo lugar, hay que saber usar bien la estrategia. No vayamos a subestimar su inteligencia.


Se trata de ser muy selectivos a la hora de influir, dejando en sus manos las decisiones que van a forjar su desarrollo integral pero reorientando aquellas que no sacan lo mejor de ellos. Como responsables de su educación, tenemos la obligación de buscar su mayor beneficio, enriquecimiento y desarrollo partiendo de aquellas virtudes y valores que transmitimos tanto con nuestras palabras como, y sobre todo, con nuestros actos.

martes, 8 de septiembre de 2015

ReFormarse

La verdad es que es una gran suerte formar parte de un colegio que se preocupe tanto por la formación del profesorado. Para estos primeros días previos al inicio de curso, Anabel Valera, coordinadora académica de Highlands, ha organizado unas sesiones muy interesantes en las que hemos tenido la suerte de poder contar con el asesoramiento de expertos en lenguaje y oratoria para mejorar nuestra manera de enseñarlo en el aula. 



El curso de ayer, ofrecido por Daniel Gabarró, nos abría horizontes en el campo de la ortografía, a través de su programa "Ortografía sin esfuerzo" basado en la "Programación Neurolingüistica" (PNL), tan en boga.

Haría falta un blog a parte, dedicado única y exclusivamente a hablar de PNL. Esta rama de la comunicación considera que el cerebro de las personas sigue una serie de patrones para resolver los distintos retos cognitivos a los que se va enfrentando. La PNL tiene entre sus objetivos "describir los procesos mentales de forma suficientemente clara como para que puedan ser enseñados". En su charla es lo que el llama "la cocina de la mente" para hacerlo más gráfico: si un individuo no tiene ni idea de hacer una tortilla y otro sí, bastará que el primero explicite la receta paso a paso, de forma clara y ordenada para que el segundo sea capaz de reproducirla. El primero conoce su manera de aprender, su metacognición; al segundo, le ayudamos dándole estrategias para hacerlo. Para Gabarró, esto también sucede con las lenguas; cuando el proceso mental es claro y conocido para un idioma, podrás aplicarlo para el aprendizaje de los demás. 

Bajo esta definición, el punto más destacable de su discurso es que el maestro debe indicar al niño cuál es el proceso mental que él mismo lleva a cabo para resolver una tarea, para que después el alumno pueda aplicarlo, primero en gran grupo o grupos de trabajo y después individualmente. 


En el caso de la ortografía, su propuesta se aleja mucho del aprendizaje de normas y excepciones. Según la PNL, dominar la ortografía de una lengua depende de la memoria visual y del dominio del léxico cacográfico. Sin embargo, tienen que darse unos requisitos previos antes de alcanzar dicho nivel de control. El niño debe:
- hablar el idioma.
- Oír al escuchar, descartando posibles problemas auditivos y trabajando a fondo la conciencia fonológica.
- Leer ágilmente, 50 palabras por minuto.
- Ver al mirar, descartando posibles problemas de optometría.

Si los requisitos se cumplen, se puede empezar a enseñar la ortografia desde la PNL mediante un trabajo que se centra básicamente en la representación mental de la palabra a nivel escrito, esto es, que en el cerebro aparezcan las palabras tal cual se escriben, no su imagen ni su sonido. Para ello, su programa recoge una serie de ejercicios de atención visual adecuados para todas las edades que se presentan a modo de juego con una colección de imágenes. Estos juegos se van complicando progresivamente, invitando al alumno a jugar con palabras desde 2 hasta 5 letras, las cuales tendrán que recordar, deletrear de atrás a adelante (complicadísimo para una inexperta como yo) y al revés o responder preguntas relacionadas con la estructura (¿la F es roja en la primera palabra?...). Una vez superada esta fase, la siguiente consiste en dominar el vocabulario cacográfico, esto es, las 100 palabras más usadas de una lengua, que son a su vez las que generan el mayor porcentaje de faltas.

Esta última etapa se debe reforzar con la copia, la lectura y el dominio de las palabras de la vida cotidiana. La recomendación de Gabarró es la de enseñar 7 normas de ortografía más significativas y prescindir de aquellas plagadas de excepciones y anexos.


Con diez minutos diarios de estos ejercicios lograremos que el niño deje de usar su memoria auditiva, causante de la mayoría de faltas de ortografía y trabaje a partir de su memoria visual, mejorando hasta un 80% las faltas ortográficas.

Me queda mucho en el tintero ya que la charla de Daniel Gabarró dió mucho de sí. Prometo compartirlo en futuras entradas.

Saicarg Lebana rop nat aneub nóiccele.

(Gracias Anabel por tan buena elección al revés).

lunes, 24 de agosto de 2015

Tenemos que hablar

Hablar por los codos, no callarse ni debajo del agua, hablando se entiende la gente,... El ser humano, como ser social que es, necesita comunicarse y expresar sus ideas, emociones y pensamientos al resto del mundo a través del lenguaje, la música, el arte o con su propio cuerpo.


Ernest Hemingway dijo "se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar". Tenía razón. En los primeros años de vida de un niño nos esforzamos en que adquiera el lenguaje; y hacemos bien. Dar modelos correctos y hablar con un vocabulario y una sintaxis adecuadas facilitan la integración del léxico y las estructuras que serán la base para el posterior desarrollo de la lengua. Así, desde pequeños, hablaremos a los niños con normalidad, sin usar onomatopeyas ni palabras inventadas. Cuando el niño diga "brmmmm" nosotros diremos coche, cuando diga "tete no" diremos "este no" y a base de repetirlo, tarde o temprano acaban por interiorizarlo.



Esta fase enlaza con la de la mala pronunciación ya que el aparato fonador se está desarrollando y la lengua y la mandíbula deben aprender a colocarse en el lugar correcto para emitir cada sonido de forma adecuada. Es importante que el adulto trate de pronunciar bien al hablar y que, sin corregir directamente, ofrezca al niño el modelo fonético válido para cada palabra, de manera que cuando el niño diga "quiero zopa", repitamos "¿te gustaría tomar sssssssopa?" o si nos dicen "yo sabo saltar" contestarles "yo también sé saltar".

A medida que se hacen mayores y que el lenguaje crece de forma exponencial en su cerebro, corremos el "riesgo" de no poder hacerlos callar, y ¡no debemos! Pero que ellos hablen sin piedad no significa que nosotros tengamos que escuchar con toda nuestra atención. Cuando las historias se hacen interminables, los cuentos y las explicaciones se alargan y alargan sin mostrar un final, cuando se da vueltas a lo mismo cual peonza desbocada, es ahí cuando mi cerebro -y os animo a que lo haga el vuestro- hace saltar las alarmas y se desconecta, quedando sólo una parte inconsciente de él atento a palabras clave para poder valorar puntualmente lo que nos cuentan y mostrar al niño que seguimos ahí. Al principio resulta difícil pero con la práctica, la abstracción resulta ser una buena estrategia para tener al niño entretenido, permitiendo el desarrollo de su lenguaje y su creatividad, mientras tu puedes seguir con lo tuyo. 


martes, 7 de julio de 2015

Incógnitas

He leído en un post que las rabietas son el resultado de una subida de los índices de adrenalina y cortisol en nuestro cerebro como respuesta a los sentimientos de miedo, angustia, frustración, desvalorización, impotencia, enfado, juicio… que  provoca una reacción emocional descontrolada en los niños.


En el mismo artículo, apuestan por cambiar de paradigma y ofrecer al niño en esos momentos la serenidad que le falta a través de muestras de cariño y poniendo nombre a los sentimientos que está viviendo. También reivindica la importancia de conocer el motivo profundo que causa cada rabieta para evitarlo en el futuro. Además, nos invitan a no reprimir los sentimientos de los niños, si no a ayudarles a expresarlos, poniendo en valor cómo se sienten y por qué.

Estoy de acuerdo hasta cierto punto. 

En primer lugar, las rabietas no siempre son la respuesta a la impotencia o al enfado. A partir de los 3 años, los niños empiezan a "independizarse": buscan su propia identidad e intentan definir su propio yo. Como son pequeños para hacerlo solo a través del lenguaje, a veces recurren a estos mecanismos. En otras ocasiones es una demanda de atención con garantía de éxito.



Por un lado, creo que la sentencia de Supernanny "cuando te calmes, te atiendo" es una de las mejores maneras de enseñar al niño a autocontrolarse. Mostrar indiferencia, que no sentirla, ayuda al niño a cesar en su enfado. Tu a lo tuyo, pasará.

El autocontrol es una habilidad imprescindible en la vida ya que nos permite mantener relaciones sociales estables, desarrollar nuestra personalidad de manera segura y convivir con quienes nos rodean sin que impere el egoísmo. El niño capaz de controlar sus emociones va a lograr conocerlas y conocerse mejor, cosa que le ayudará en su desarrollo.



Es obvio que cuando un niño se pone a patalear en la calle porque quería un coche que se ha olvidado en casa, el motivo profundo de su enfado no es el coche; pueden ser los celos, el estrés que le hemos transmitido para salir de casa, la inseguridad que le genera el hecho de la separación de los papás al llegar al cole... Pero en ese momento, bajo mi punto de vista, no se le debe ofrecer un beso y un abrazo aprobando su comportamiento. La primera reacción del adulto debe ser la que invite al autocontrol. Sin histerismos ni amenazas; con naturalidad y un tono de voz que transmita exigencia comprensiva. Tras el berrinche, cuando el niño ya sea capaz de hablar y razonar (no antes), podemos llamar por su nombre a los nervios o el enfado y preguntarle qué le ha pasado y si se siente mejor.


Siempre es bueno que el niño conozca las consecuencias de sus actos ya que si puede anticipar lo que va a pasar, aprenderá a gestionar mejor sus emociones e impulsos. Así, podemos ayudar a desarrollar esta capacidad de autocontrol que le permita reconocer sus emociones y tratar de expresarlas de otra manera.

Por otro lado, cuando la pataleta se puede detener antes de llegar a su máximo apogeo, es recomendable desviar la atención del niño y centrar su atención en otra cosa evitando ese momento de falta de control. 

Lo mejor para un niño es algo difícil de concretar. El adulto tiene que intentar ofrecerle seguridad y afecto a través de sus conductas y sus acciones en cualquier circunstancia; el cómo dependerá del quién, cuándo, dónde y por qué... Incógnitas...

miércoles, 1 de julio de 2015

Hecho realidad

Muchas veces el dibujo es una actividad que entretiene y divierte a los niños, sobre todo a aquellos quienes tienen las manitas predispuestas a coger los lapices y colores.

Cuando un niño empieza a dibujar, los garabatos no tienen ningún significado, al principio son líneas o puntos, luego garabatos descontrolados que emborronan toda la superficie. En esta fase, conviene dejar libertad de exploración al niño, ofreciéndole materiales variados para pintar en grandes soportes. 


El primer gran salto artístico surge con el garabateo controlado. El dibujo empieza a cobrar vida y a aislar elementos que ya tienen un significado y nombre muy evidente para el autor, no tanto para el espectador. Y poco a poco, como quien no quiere la cosa, un día sale una redonda a la que pondrán dos bolitas y habrán hecho su primera representación del cuerpo humano. Tras esto, la boca, quizá la nariz, el pelo, las larguísimas piernas (¡quién las pillara!), los brazos que salen como cohetes de la cabeza... Y se darán cuenta de que faltan las manos, los pies, las orejas. Por último, un día le pondrán tronco y cuello y entonces, habrán completado su primera figura humana.



Amaro (una de mis Abejas) y sus hermanos, por ejemplo, van a regalar a su papá un dibujo por su próximo cumpleaños. Para ellos el resultado es el mismo que para un artista consolidado: arte, significado, belleza subjetiva. Alejandra Prat nos lo muestra en su blog para la revista HOLA, Entre papillas y mascarillas.

Pero cuando los niños empiezan a dominar el dibujo, los mayores tenemos la tendencia de intentar que pinten "algo": un sol como un círculo con palitos en su perímetro, o una casa formada por un cuadrado y un tejado... Es importante que dejemos que la copia de la realidad surja de manera natural y espontánea. Cuando un niño dibuja, debemos atender a su punto de vista, a sus objetivos y a lo que él ha interpretado y pretende representar. Por abstracto que nos parezca, es su manera de plasmar la realidad.



Lo que pocas veces logramos es el proceso inverso: que vean sus dibujos realidad. Pues bien, esto es posible. Existe una empresa, Child's Own Studio que se dedica a convertir las creaciones 2D de los niños en peluches y muñecos, rozando la exactitud.










Ver más aquí.

¿Os imagináis lo que supone para un niño tener entre sus manos un muñeco diseñado por él mismo? ¡Qué chulada!